La costilla de Adán

Publicado: octubre 9, 2013 en OPINIÓN
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Clara Ribes @angelcaido89

El sexo femenino jamás ha dejado de luchar; ha tenido que mantenerse alerta ante una sociedad que, por sí misma y desde sus inicios, ha sido incapaz de otorgar el mismo estatus que al hombre le venía implícito por el mero hecho de serlo.

Hace poco más de dos años, en las vallas publicitarias de alguna ciudad del país rezaba un cartel: “Soy puta. Soy negro. Soy marica. Soy moro. Soy sudaca. Soy mujer. El diferente eres tú, imbécil”. Me asombró la falta de conciencia social de nuestras mujeres. Lejos de aplaudir semejante ocurrencia, o incluso felicitar a los artífices de la misma por haber sabido expresar con tanta exactitud la situación precaria que todavía viven muchas mujeres… Algunas se indignaron. Escuché comentarios tan atroces como el siguiente: “¿Cómo te atreves a meternos en el mismo saco que a los maricas o a los sudacas?”. Se me heló la sangre, ¿o hervía? ImagenNunca me he considerado feminista, pero no podía entender cómo una mujer de unos 20 años pudiese ser capaz de pensar así, de no darse cuenta de la lucha constante a la que estamos sometidas. Y es que todas las actitudes puramente machistas van ligadas a este problema. ¿Cuántas féminas hoy en día permiten que les insten cómo vestir, como actuar o qué hacer con su vida? ¿Cuántas noticias leemos haciendo alusión a una nueva paliza, un nuevo ataque psicológico o a una muerte por violencia de género? No es que cada día haya menos, es que no deberían existir.

¿Cuántas asociaciones existen en nuestro país para preservar y garantizar los derechos de los inmigrantes? ¿Y del colectivo LGBTT? ¿Y de las mujeres? En el momento en que uno de los principales problemas sociales de un país es el tratamiento que perciben las minorías, hay que plantearse cómo suplir estas carencias. Y el primer paso es aceptar que todavía existe un trato de desigualdad en el marco que envuelve al sexo femenino, y que los derechos del masculino no precisan de apoyo para lograrse. ¿Cuántos años ha costado ver con normalidad una mujer taxista, camionera o conductora de autobuses? Tópicos aparte, creo que todavía no lo hemos conseguido.

Seguro que a lo largo de nuestra vida nos ha llegado el mensaje de que la mujer debe cuidar de la casa y los hijos, mientras que la labor del hombre para con su familia es mantenerla. Luchamos para intentar cambiar esta consideración del sexo femenino, pero no vemos que viene impuesta, entre otras, por una serie de conductas propias del catolicismo más férreo. En este país hemos olvidado la historia; hace 82 años la II República Española reconocía el derecho de la mujer al voto, por su parte, la Cataluña de Josep Tarradellas legalizaría el aborto cinco años después.

Y he aquí donde nos encontramos, en un punto de inflexión que debimos dejar atrás hace setenta y siete años. Somos muchos y muchas quienes levantamos la voz llegado este momento, se nos tachará de “rojos” e incluso de hacer apología de los movimientos de la República… Pero será en ese instante cuando nos plantemos, y condenemos a la sociedad española por no condenar una dictadura fascista que devolvió a las mujeres la inseguridad, y la convicción de que si estaban ahí, era para cuidar de su familia y nada más. La historia no hace más que dar la razón a los movimientos feministas y, es que, hoy estamos a punto de retroceder más de tres cuartos de siglo.

Sueño con una manifestación imposible, aquella en que los hombres reclamasen la igualdad que la sociedad les ha arrebatado. En nuestro país la mujer fue relegada a un segundo plano hasta la desvinculación de Iglesia-Estado, hasta la caída del franquismo. ImagenMuchas de nuestras madres salieron a manifestarse, a pedir que no criminalizasen aquello que no concernía a nadie salvo a ellas. Una ley que entró en vigor en una Cataluña progresista de 1936, no cabía en la cabeza de los conservadores y centralistas de 1978. Y efectivamente, la legalización del aborto no formó parte de la Constitución Española. Muchas hablaron, a las masas y a pequeños círculos, muchas fueron perseguidas, amedrentadas… Otras condenadas por decidir que no estaban preparadas, que no podrían con ello, por no querer tener un hijo. Y consiguieron, mediante una fuerte lucha, una Ley Orgánica en 1985 que legalizaría el aborto en determinados supuestos.

¿En qué mundo debe escoger un grupo de políticos lo que deben hacer millones de mujeres con su cuerpo? ¿En qué mundo independiente de creencias religiosas está mal visto que una persona no quiera ser madre? ¿En qué mundo vivimos? ¿En qué siglo? ¿A quién nos debemos? Pero nos equivocamos de pregunta, la correcta es: ¿Qué está pasando?

Y es así… Algo realmente importante debe estar pasando si tres jóvenes acaban de pasar a disposición judicial por la necesidad de expresar la opinión del pueblo en el Congreso de los Diputados. Si los políticos electos no respetan ni buscan la opinión de la sociedad, alguien tendrá que hacérsela llegar.

Hemos asistido estupefactos a una función (de terror) en la que Alberto Ruiz Gallardón ha tomado los roles de “progresista” durante más de cuatro años, enfrentándose a todo “quisque” dentro de su partido. Ahora muchos se quedan boquiabiertos ante tanta hipocresía, a otros no nos sorprende nada. Cayó como una bomba atómica sobre los sectores más izquierdistas, como el “Maná del cielo” para los más conservadores, y como una injusta y estúpida manera de relegarnos de nuevo a un segundo plano para la mayoría de nosotras, las únicas afectadas, el sexo femenino.

Considero que no tienen nada que opinar cardenales, obispos, curas o monjas, miembros del clero que, por sus votos, nunca van a tener la necesidad de pensar sobre su cuerpo de este modo. Tampoco tienen nada a decir los hombres de cualquier edad ajenos a un caso concreto que no ejerzan un cargo médico que les permita hacer juicios. Un hombre no puede “parir”, luego no debe decidir por quién sí lo hace. Alberto Ruiz Gallardón no es Arnold Schwarzeneger, ni forma parte de algún proyecto científico que permita al hombre gestar o concebir. Alberto Ruiz Gallardón es tan sólo un pobre infeliz que no se da cuenta que siempre tendremos la última palabra, independientemente de que se nos condene por ello. Podrán juzgarnos, encarcelarnos, o incluso callar a muchas de nosotras, pero nunca conseguirán arrebatarnos el derecho a decidir si vamos, o no vamos, a ser madres.

El movimiento feminista internacional FEMEN, nació en 2008 en Ucrania de la mano de varias estudiantes universitarias de entre 18 y 20 años. Empezaron a cobrar notoriedad en los medios de comunicación tras manifestarse en “top-less” contra el turismo sexual y otros asuntos sociales. Actualmente pertenecen al movimiento numerosas activistas de varios países, entre los que se encuentra España.

Esta mañana tres activistas de la organización FEMEN han interrumpido la sesión en el Congreso de los Diputados a gritos de “¡aborto es sagrado!” cuando Gallardón se disponía a intervenir. ImagenHan sido reducidas y puestas a disposición judicial por manifestar algo que jamás deberían haber tenido la necesidad de hacer si se respetase a la mujer. Si se la considerase libre. De las tres detenidas, sólo Lara Alcázar pertenece a FEMEN España, mientras que Paulinne e Inna lo son de la francesa. Por su parte, la organización ha convocado una concentración a las 20:00 en los Juzgados de Plaza de Castilla (Madrid).

Muchas veces pensamos tener suerte de vivir en un país en el que se nos permite salir a la calle sin temor, en el que podemos estudiar las mismas carreras y realizar los mismos trabajos que los hombres. Pero ese pensamiento no debería existir, no deberíamos sentirnos “casi” a la par que ellos, no deberíamos luchar por tener derechos o para ser iguales… Sino que tendría que ser así y punto. Porque sí. Porque existimos como seres independientes, y no como una simple prolongación de la costilla de un hombre llamado Adán.

A partir de la noticia: http://www.publico.es/473531/tres-activistas-de-femen-hacen-callar-a-gallardon-en-el-congreso-al-grito-de-aborto-es-sagrado

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comentarios
  1. Amparo López dice:

    Haces una buena exposición de tu postura. Contextualizas y aportas datos. Me parece muy inetesante que recuperes la polémica de las vallas publicitarias. Por otro lado, ¿crees que protestar con las tetas al aire deja en buen lugar a la mujer?, ¿no le resta credibilidad?… ¿no conlleva connotaciones sexuales?. Nos quejamos de que la mujer sea vista como un objeto o como un objeto sexual. Sin embargo, reivindicamos un tema tan serio como el aborto enseñando las tetas, como cuando vamos a la playa… ¿Alguien se tomaría en serio a un grupo de hombres con el pene al aire reivindicando, por ejemplo, mejoras laborales?

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