Periodistas o floreros

Publicado: octubre 26, 2013 en OPINIÓN

Santiago Rosado @SantiRosOr

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Sara Carbonero o Anna Simón pueden ser ejemplo perfecto de este axioma que conlleva el hecho de ser periodista y a la vez tener la imagen y el físico como principal valor en el mercado de la televisión.

Evidentemente no pueden separarse la imagen de la capacitación laboral, ya que ambas van unidas, pero si que se puede cuestionar el uso que la imagen representa para este tipo de profesionales de la comunicación.

Por una parte la ventaja que supone para el medio televisivo una buena presencia no debe desdenarse, esta ahí y debe tenerse en cuenta, pero surge la pregunta de si ese eje debe determinar la presencia o no de estas personas en el medio televisivo, y aun más, si el hecho de hiperpotenciar los atributos estéticos va en contra de la credibilidad y de la profesionalidad.

La pieza televisiva más vista de las realizadas por Sara Carbonero es el famoso beso que su novio futbolista le dió tras ganar la final del mundial, la siguientes son aquellas en las que la periodista, por un motivo u otro comete errores que, sin duda, no hubieran sido sobre dimensionados de no ser ella (el personaje, no la periodista) quien los cometiese. Dado lo excepcional de la situación, no hay tantas periodistas relacionadas sentimentalmente con famosos y laureados deportistas, dejaremos, de momento, este análisis en stand bye.

El caso de Anna Simón es diferente, ya que no añade una condición de consorte a su persona, pero lo que sí hace es apostar fuerte por la estética para singularizar su trabajo.

De esta periodista recordamos su pasado en TV3, donde ejercía como periodista y la buena presencia estética diríamos que iba de serie en el lote, que no era esta lo que más se buscaba potenciar con su presencia en pantalla. Pero su posterior paso por emisoras del estado español fueron acentuando su perfil de figura decorativa o incluso más, de icono sexual, algo que, por otra parte, le ha dado indudable fama y supongo, buenos rendimientos económicos. Que está en su derecho si desea hacerlo es indudable y quede claro que en ningún momento cuestiono la oportunidad de hacerlo, si es su voluntad, además que cada persona debe de explotar como pueda o quiera lo que la naturaleza le ha dado. Ese no es el problema.

El debate que deseo plantearles es el de si se puede o si es coherente jugar a las dos cosas, a la carne y a las tajadas que dice el refranero y si se resiente de alguna manera el oficio de periodista compaginándolo en tiempo y forma con el de starlette o mito erótico.

No es tanto determinar cuan grande debe de ser el escote de una periodista seria o cual debe ser el largo de su falda para que su credibilidad no se resienta. El debate está en si se puede buscar un doble perfil de audiencia, ofreciendo a unos una imagen de uso onanístico y a otros los valores propios de la profesión periodística (si es que estos existen, materia de otro debate).

Pregúntense si esto es posible o si, como puede parecer, lo que por un lado suma, resta irremisiblemente al otro.

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