Clara Ribes @angelcaido89

Hoy queremos hablar acerca de un reportaje de actualidad conducido por Jon Sistiaga y emitido por primera vez el pasado 9 de octubre tras cuatro meses de espera. Debido a la situación política y social que estamos viviendo en estos momentos en el país, con la sentencia del Tribunal de Estrasburgo acerca de la doctrina Parot, la corrupción económica, los desahucios, recortes y, especialmente, las medidas propuestas (muchas de ellas aprobadas) por el Ejecutivo, el clima de crispación social no ha hecho más que aumentar.

La radicalización de las ideologías es algo que hoy se encuentra en boca de todos; pero son las doctrinas del odio aquellas que entran a debate, las que se someten a estudio. Estos últimos días se aglutinan en los medios las noticias acerca de la presencia (o la retirada de fondos, o cualquier otra cosa relacionada) del grupo neonazi Amanecer Dorado en Grecia; también se sabe que cada vez son más las personas que se unen a esta organización y que éste no es un caso aislado.

neoActualmente estamos viendo cómo en nuestro país se tachan de “extrema izquierda”, tanto por el Gobierno como por los medios de comunicación, muchos de los actos que buscan reivindicar los derechos de la clase trabajadora y a quienes los secundan, mientras que no son castigados, condenados, o ni siquiera expuestos en los medios otros de ideología neonazi que incitan al odio y la violencia.

Vivimos un momento en que los que controlan la sociedad son aquellos que condenan y persiguen a la “extrema izquierda” que se manifiesta o evita injusticias sociales, mientras esconden la criminalidad de los actos de quienes promueven antivalores como la desigualdad, el racismo, la homofobia o la exclusión. Y quizá a todos no les preocupa porque creen que un fascismo nunca puede volver, que la historia ya lo ha vivido por ellos para que no se repita… Pero eso mismo quizá lo están pensando muchos jóvenes al otro lado del charco cuando ven una esvástica pintada en una pared del barrio. Y ellos, esos jóvenes, susceptibles de aprender el significado de una palabra que no conocen, o de canalizar esa rabia propia de la edad, serán quienes puedan acabar creyendo que el fascismo no comparte cama con el odio.

js2Y entonces, cuando creemos que fuera de las fronteras de España, o de Europa, no están aumentando este tipo de realidades antisociales, encontramos “La América del odio”. El nuevo reportaje de Jon Sistiaga (Irún, Guipúzcoa, 1967) muestra cómo en Estados Unidos todavía hay muchas organizaciones que creen en una vida mejor bajo la doctrina nacional socialista, con unas firmes creencias religiosas que se basen en la segregación racial (étnica, tendencia sexual…), o tomándose la justicia de un país entero por su mano.

Tras un jugoso adelanto a modo de reportaje en la versión en papel de El País Semanal del domingo 6 de octubre (la versión online data del día del estreno, 9 de octubre), Jon Sistiaga es el director y guionista del primer episodio de la nueva temporada de Reportajes Canal + (ver más) que lleva su nombre. Como siempre, atento y profesional a la vez que crítico a lo largo de toda la pieza, el periodista demuestra cómo determinadas ideologías constituyen el odio mismo.

En su primera parada, Sistiaga se adentra en el proceso de selección de un nuevo miembro de las Milicias de Michigan. Los miembros de esta organización justifican su derecho a llevar armas amparándose en la segunda enmienda, creen que la seguridad está en sus manos… pero no sólo la de sus familias. Actualmente dicen encontrarse en una alerta media (de 3,3 en una escala del 1 al 5), asentando su tesis en una serie de teorías conspiratorias como que Obama va a requisar todas las armas del país o que la Casa Blanca va a devolver la Ley Marcial.

Pero el mayor peligro de estos grupos militares es que no son tan pequeños ni tan pocos; habrá alrededor de 1360 (según algunas consultoras de derechos civiles), en los que se integran decenas de personas cada semana, y es justo ahí donde abundan, en Michigan. Detroit, su capital, está desierta; la metrópolis ha mutado hacia la nada. Los dos millones de habitantes han pasado a ser cerca de setecientos mil, a la estación más alta del mundo ya no llegan trenes, y a las carreteras principales les sobran carriles. Y Sistiaga, al ver esas imágenes, dice comprender la existencia de esa “América del odio” a la que se referían los milicianos.

Las declaraciones de los expertos sujetan la teoría que guía el reportaje de Sistiaga a través de las doctrinas del odio. El ex rector de la Universidad de Michigan, Jack Key, tras numerosos estudios, concluye que el peligro estriba en las ideologías que aportan a sus miembros. Sin embargo, la organización de la que es portavoz Heidi Budaj (Liga Antidifamación), va todavía más lejos. Tras unos cien años rastreando y monitorizando este tipo de “movimientos de odio”, han comprobado el aumento de grupos extremistas en esta época de crisis, y recalca el problema de la difusión de sus contenidos en Internet. Hoy, se estima que por cada miembro afiliado a una organización, hay alrededor de mil miembros reales, estos últimos difíciles de rastrear.

fascistaEn el mismo Detroit se encuentra la base del movimiento neonazi más grande y organizado del estado, que no tiene sede, pero actualmente cuenta con unos 350 miembros además de miles de simpatizantes. Jeff Schoepp, su líder, intenta hacer creer a un escéptico Jon Sistiaga que no buscan masacrar a las minorías que persigue su ideología supremacista, sino su marcha fuera de EEUU. El neonazi insiste en que no son violentos, respondiendo que “el movimiento nacional socialista no es violento, nos dedicamos a luchar por los derechos de los blancos, y es que el gobierno nos controla, están esperando que hagamos algo ilegal para así cerrar nuestra organización porque nos tienen miedo”. En una entrevista en la que se impone la presencia de una bandera adornada con una esvástica (que Jon Sistiaga se niega explícitamente a tocar), en la que el interlocutor deja claro que considera la raza blanca una minoría en su país… Se corrobora que la desconfianza del periodista en lo que a las declaraciones del neonazi se refiere, no era infundada.

Estas organizaciones niegan que su ideología sea supremacista, y se amparan en el término “separatismo”, aunque no sea más que un intento de maquillar la realidad. Rachel Pendergraft, portavoz del Ku Klux Klan de Arkansas, utiliza esta escusa añadiendo que es una blanca separatista y no supremacista porque no busca la muerte de los otros. Tanto sus ascendentes como descendientes directos pertenecen al Ku Klux Klan, educa a sus hijos en casa “porque no se fía del darwinismo que enseñan en la escuela” (uno de los cuales, presenta un programa en la televisión de la organización con apenas diez años) y, como concluye Jon Sistiaga, “cree en la Biblia, y su radical concepto religioso tiene que ver con su ideología”.

Después de comprobar la vinculación entre determinadas organizaciones neonazis o profascistas con férreas creencias religiosas, Sistiaga hace una pequeña parada en el Museo del Creacionismo, de 27 millones de euros, de Kentucky, donde una Doctora en Ingeniería Molecular insiste en que la justificación del creacionismo reside en que la palabra de Dios es verdadera porque ÉL estuvo allí. Pasando por alto la acostumbrada masculinización de Dios, el periodista escucha asombrado cómo muchos de los visitantes le explican que creen en el creacionismo y no en la evolución “porque es lo más lógico”.

La sede de Aryan Nation que, como dice Sistiaga “es la más integrista, racista y radical de las organizaciones que operan en EEUU” se encuentra en el dormitorio de Paul Mullet (su presidente). Desde una caravana anclada en Chillicothe, una localidad de Ohio donde un 90% de la población es de raza blanca, el neonazi le dice a Jon que él cree que la raza blanca es superior y lo ha creado todo, le enseña libros religiosos donde el único hijo de Adán y Eva era Abel, y le relata orgulloso que ha sido condenado varias veces, como el 95% de los miembros de su organización ante un atónito periodista. Éste es el primer sujeto que admite una ideología supremacista y la violencia intrínseca de sí mismo y de su grupo. Y no sabes el alcance de tanto odio hasta que Sistiaga explica que esta organización junta racismo, nacionalismo e integrismo religioso, que aglutina a todos los desencantados de las facciones más extremistas de la derecha o que en la década de los 90 estuvieron involucrados en crímenes fascistas.

jsY el recorrido desde las ideologías del odio nos lleva desde el neofascismo más moderado hasta el vinculado con el integrismo religioso, las doctrinas nacional socialistas o el asesinato como remedio a los “problemas de la raza blanca”. Muchos de los líderes de estas organizaciones neonazis se definen como “activistas por los derechos de los blancos”, como el último en prestar declaración, el Mago Imperial del Ku Klux Klan de Missouri, Frank Ancona. Si creíamos que ya lo habíamos visto todo acerca de este grupo fascista en Arkansas, en Cape Girardeau (Missouri) se encuentra la sede de los Caballeros Tradicionalistas del Ku Klux Klan, según Sistiaga “la más antigua e infame de las organizaciones supremacistas”, con multitud de asesinatos rituales de ciudadanos de color en su larga historia, además de unos siete mil miembros (según Ancona). Una vez más, la famosa “sede” no es más que el dormitorio de alguien que parece sólo sentir emoción al saberse vestido y actuar en función a sus ideales; también en esta ocasión, sus hijos recibirán el “legado”. Frank Ancona admite la creencia de su grupo en la separación racial (segregacionismo) o que no odian, que no son tan violentos en la actualidad; sin embargo, cruza la línea hacia la más absoluta apología nazi al afirmar que “no creen que la supremacía del blanco sea racista, sino que es una realidad”.

El mayor problema de las conductas, partidos, organizaciones y movimientos fascistas o neonazis ya no reside en cuántos “adeptos a su causa” consigan, ni en la magnitud de una actuación, ni siquiera en dejar de financiarles (como a los griegos Amanecer Dorado, que jamás debieron recibir dinero del Estado). El mayor riesgo que entraña es que los jóvenes no entienden qué supone el fascismo, que los no tan jóvenes parecen haber olvidado la necesidad de enseñárselo y que, todos juntos, creyendo que jamás volverá a ocurrir, están viéndolo renacer como un ave fénix del mal, como un neonato sin nombre.

Y es que, la existencia de estas ideologías del rencor y del resentimiento, crean el ecosistema de vida perfecto para que la violencia, el racismo, la homofobia y todas las perversiones más repulsivas de la sociedad sigan engendrando nuevas semillas de odio.

Edición de EPS del domingo 6 de octubre de 2013 (click para ver en tamaño original):

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