Literatura: “La Bella Bestia” (Alberto Vázquez Figueroa, 2012)

Publicado: noviembre 3, 2013 en CULTURA
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Clara Ribes @angelcaido89

Actualmente estamos hartos de oír hablar de grupos o partidos políticos de extrema derecha como Amanecer Dorado en Grecia, el Frente Nacional francés de Marine Le Pen (que va en cabeza en los sondeos de las elecciones europeas de 2014) o el, hasta hace poco, gobierno de Berlusconi en Italia. Muchos nos planteamos, al ver documentales como “Los cachorros del nazismo” (emitido en 2001) cómo es posible que estas ideologías estén volviendo a tener auge en la sociedad, que piezas periodísticas como ésta no pierdan vigencia, que cada vez tengan más seguidores o que los gobiernos de todo el mundo les permitan constituirse como partidos políticos legalizados pese a que sus fundamentos van contra la democracia.

sincomentariosEn nuestro país hemos visto cómo España 2000 ha pasado de ser un pequeño partido de ultraderecha al que pertenecían cuatro exaltados de Onda, a conseguir tres concejales en municipios de las provincias de Castellón y Valencia, y un cuarto en Alcalá de Henares (Madrid). Pero, lejos de ser el único partido de ideología neonazi en nuestro país, poco a poco van creciendo otros como Alternativa Española (AES) o Democracia Nacional, que en 2007 hizo un pacto de gobierno con el Partido Popular en una localidad de Burgos.

Películas como “La Ola”, de Dennis Gansel, muestran el riesgo de aferrarse al presente y creer que lo pasado, pasado está. Y es que una sociedad que decide olvidar las tragedias que ha vivido, creyendo que una realidad tan amarga no puede darse dos veces, demuestra que su historia no se escribió para aprender de ella, sino para borrarla. Pero eso no es más que lo que tratan de conseguir todos aquellos que niegan el Holocausto judío, los miles de infelices que siguen diciendo que el fascismo no dejó muertos en nuestras cunetas o aquellos que, como Margaret Thatcher, respondieron ante el mundo por dictadores como Augusto Pinochet.

Es precisamente por el pánico al regreso de esas ideologías supremacistas y autócratas, que se asientan sobre perversiones como la segregación social, la homofobia o el racismo, por lo que no podemos permanecer impasibles ante ese bombardeo de propaganda neonazi que “decora” nuestras farolas, escaparates o paredes. Es por ese motivo que periodistas como Jon Sistiaga muestran el seguimiento social de movimientos neofascistas al otro lado del charco, o por lo que otros, como Alberto Vázquez Figueroa, transforman una muy documentada investigación periodística en una novela que muestra un ejemplo de la belleza que el fascismo transformó en bestia.

irmaguapaIrma Grese (Irma Ilde Ida Grese), más conocida como “La Bella Bestia”, “La Perra de Bergen-Belsen” o “El Ángel Rubio de la Muerte” fue SS Oberaufseherin (guardia femenina) de varios campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Nació el 7 de octubre de 1923 en Wrechen (Alemania) en una familia humilde, ya que era hija de un lechero. Tras abandonar sus estudios a temprana edad (a los 14 años), tuvo diversos trabajos y desarrolló un interés obsesivo por pertenecer a la Bund Deutscher Mädel (Liga de Juventudes Femenina Alemana). Éste fue el principio de las discrepancias con su padre, al que mandó encarcelar y, dicen que, posteriormente matar. No se sabe a ciencia cierta, pero sí está comprobado por las declaraciones de Helene Grese, hermana de Irma, que no se le volvió a ver desde abril de 1945 (no especifica si antes o después de la detención de la supervisora nazi). Tal era la heroicidad que veía en las doctrinas del partido nacional socialista que, después de intentar por todos los medios ingresar en algún cuerpo de la Wehrmacht sin conseguirlo dada su condición de mujer, se alistó en las SS para desarrollar las tareas relegadas a la división femenina del partido nazi.

Si bien sus intenciones pasaban por convertirse en enfermera de las SS, fue destinada en 1942 al que sería su primer trabajo como celadora, en el campo de concentración de Ravensbrück.  El fanatismo que Grese desarrolló por Hitler le llevaría al homicidio y tortura de miles de presos en los campos. Si todavía resuenan los nombres de asesinos nazis como Rudolf Hess o Josef Kramer, ¿por qué no están en boca de todos las atrocidades cometidas por la que es, probablemente, la mayor asesina de la historia? Y es que la cifra es imposible de calcular; incluso quién ha realizado las más exhaustivas investigaciones acerca de Grese, duda en aportar datos exactos. Alberto Vázquez Figueroa, en una entrevista (a partir del minuto 50) afirma: “No sé cuántos crímenes pudo cometer. ¿Cuatro mil, cinco mil? Si dejó morir de hambre en el último mes hasta 93.000 personas… Estamos hablando de cientos de miles”.

Lo macabro de sus torturas no conocía límite. Olga Lengyel, médico húngara superviviente al Holocausto, narraba en su libro “Los hornos de Hitler” (1947) de qué era capaz Irma Grese, como “Las que, a pesar de su hambre y penalidades, seguían manifestando un poco de su belleza física anterior eran las primeras en ser seleccionadas. Constituían los blancos especiales de la atención de Irma Grese.Durante las “selecciones”, el “ángel rubio de Belsen”, como más adelante había de llamarla la prensa, manejaba con liberalidad su látigo. Sacudía fustazos adonde se le antojaba, y a nosotras no nos tocaba más que aguantar lo mejor que pudiésemos. Nuestras contorsiones de dolor y la sangre que derramábamos la hacían sonreír”; al igual que la ginecóloga Giselle Perl (Rumanía, 1907), que declaró en el juicio gresehorrible1945de Bergen-Belsen que “Grese gustaba de azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer”. Lengyel también menciona en su libro las tendencias bisexuales de la supervisora nazi, alegando que practicó sexo con diversas presas de los campos, además de mantener relaciones sexuales con conocidos homicidas como Josef Kramer (“El ángel de la muerte de Auschwitz”) o el médico de las SS que encabezó experimentos con prisioneros, Josef Mengele.

El juicio de Bergen-Belsen fue el primero de una larga lista que trataría los cometidos durante la Segunda Guerra Mundial por las potencias del Eje. Serviría para establecer unos criterios y como ejemplo para los posteriores Juicios de Nuremberg; de modo que, como los Aliados no podían permitirse cometer ningún error, fueron decisivas las declaraciones de los supervivientes. Y es que fueron muchas, porque especialmente fueron mujeres, quienes pronunciaron las palabras que le llevarían a la horca; entre ellas las de Luba Triszinska (URSS), quién declaró que “No daba de comer a los perros, los mantenía enjaulados durante días con el bozal puesto. Cuando una prisionera caía al suelo desfallecida, mandaba a su criada polaca que trajese los perros y los azuzaba, lanzándolos contra aquellas mujeres desnutridas que apenas podían defenderse y que eran despedazadas vivas por los animales”.

Si bien a lo largo del juicio la prensa sensacionalista de EEUU le hizo famosa por sus atrocidades, parece que la historia perdonó sus crímenes borrando su nombre de tantas novelas y guiones de películas como se han escrito. No fue hasta 1996, cuando Daniel Patrick Brown publicó el libro “The Beautiful Beast: The Life and Crimes of SS-Aufseherin Irma Grese”, donde vieron la luz muchas de las declaraciones del Juicio de Bergen-Belsen y se detallaba el comportamiento de Grese a su paso por este campo de exterminio, además de los de Ravensbrúck y Auschwitz. Y es que, como dice el propio Vázquez Figueroa, “a mí siempre me había llamado la atención, como escritor, que se hablará tanto de los criminales nazis, pero no se hablara de las mujeres”

irma grese bergenbelsenFue la presencia en las SS de muchas de las mayores homicidas de la historia, el perfil criminal de Irma Grese y el testimonio de una mujer que vivió de cerca con “La Bestia” lo que le motivó a enfrascarse en la novela que narra muchas de las atrocidades que cometió en su corta vida la que él cree que es “la mayor mujer asesina de todos los tiempos”. Y es así como Alberto Vázquez Figueroa (Santa Cruz de Tenerife, 1936) da vida en su novela, “La Bella Bestia” (2012), a Violeta Flores, una simpática anciana de Córdoba que le contará al editor Mauro Balaguer, escéptico de volver a publicar un exitoso libro en lo que le resta de carrera profesional, su experiencia como sirvienta, amante, cocinera y esclava de Irma Grese.

El escritor reconoce que no fue tanta la indignación que sufrió escribiendo el libro, como estudiando el caso concreto de la vigilante nazi, mientras descubría la realidad de sus actos. Es por ese motivo que decide dotar a Violeta de esa diversión, encanto y progresismo, impropio para su edad… Consciente que la realidad reflejada a lo largo de la novela podría herir más de una sensibilidad. También, a lo largo de toda su obra, Vázquez Figueroa se esfuerza en aclarar uno de los motivos que le llevaron a publicar “La Bella Bestia” en este momento histórico, y es que muchas de las reflexiones que hace Violeta Flores giran en torno al miedo que le producen la violencia y la apología del fascismo; como cuando le revela a Mauro Balaguer por qué le quiere contarle precisamente a él, cincuenta años después, su historia: “Lo que pretendo es destacar la magnitud de las atrocidades que se cometieron porque últimamente proliferan quienes intentan que esa clase de aberraciones queden en el olvido e incluso se repitan”.

Violeta era una niña cuando su padre, militar franquista, decide que toda la familia debe irse con él a Alemania. Tras morir su padre y estallar la guerra, la ya no tan niña es capturada por la fanática nacional socialista, que le somete a múltiples violaciones. Debido a la portadasituación política y económica, su familia huye a Polonia para refugiarse, teniendo que entrar a formar parte del grupo de trabajadores de una piojera. Pero Irma, que no ha perdido la pista de Violeta, se encargará de que la joven “zíngara” (como acostumbra a llamarle), le acompañe en su matanza a través de los distintos campos de concentración. Lo que en un principio es pura y simple supervivencia, se convierte en la única esperanza que le queda a Violeta de volver a ver con vida a su madre y su hermano pequeño, que todavía siguen en la piojera (posteriormente se fabricarán vacunas contra el tifus y, según la novela, más adelante lo propagarán).

Descubrir la historia de Violeta Flores al tiempo que lo hace Mauro Balaguer, posiciona al lector en los pies del segundo, escéptico de su vida, de su trabajo, de su familia y de su cabeza. Vemos cómo Violeta consigue que Balaguer se entusiasme y olvide todo, incluso su miedo a olvidar, justamente eso… todo. Vázquez Figueroa apuesta por ambientar su relato en la actualidad, y someter al público a todo tipo de comparativas que le retrotraen a lo largo de toda la novela. Se habla de que llegado un momento, la comunidad judía había pedido a los aliados el bombardeo a los campos de concentración, para que así se salvaran el resto. Lo relacionan a las madres somalíes que se ven obligadas a abandonar a los niños más débiles para salvar a los más fuertes.

A lo largo de la novela se compara a Gadafi con Dorian Grey en varias ocasiones, y es que las imágenes hablan por sí solas. Desde el momento que abandonan Ravensbrück (1943, cuando le destinaron a Auschwitz), Irma empezó a oscurecerse, pero hasta su estancia en Bergen-Belsen la maldad no se había apoderado de su rostro. El escritor lo describe así: “Y sobre todo, en este caso la cara no es el espejo del alma. Yo lo comparo en la novela con Gadafi, yo entrevisté a Gadafi en 1969 cuando subió al poder. […] Debo reconocer que el hombre era atractivo, y luego ves cómo esa cara se va convirtiendo en una máscara. Era el retrato de Dorian Grey pero al revés. Cómo la maldad se reflejaba físicamente en su cara… Pero esta mujer, que cometió más crímenes que Gadafi personalmente, no lo reflejó. En un momento sí, al final de la guerra estaba marcada, pero cuando ella entiende que todo ha acabado, que Hitler ha muerto y que todo se ha destruido es como si le viniera la paz de la muerte… Y muere bella. Lo tenía todo, menos bondad y piedad”.

En una de sus entrevistas, Vázquez Figueroa relata que las dos obsesiones de Irma eran Hitler y formar un ejército de mujeres nazis. Es de todos sabido que, durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas soviéticas tenían en primera línea una serie de mujeres francotiradoras, mujeres que, como la moscovita Lyudmila Pavlichenko, pasaron a la historia por su participación en un conflicto bélico. Pues bien, Irma Grese trató de lograr sin éxito, durante los años que pasó al servicio de las SS, que se tuviera en cuenta su propuesta de que la solución para ganar la guerra era crear un ejército de mujeres, como habían hecho los rusos. En la novela, Violeta relata que, durante el verano de 1944, encontró armas, granadas y un escrito donde Grese realataba que no se tenía en cuenta su propuesta por “la repugnante élite prusiana de la Wehrmacht, capaz de anteponer sus estúpidos prejuicios machistas a la victoria total”. Por este motivo, dice el escritor que Grese sería una de las precursoras, sin saberlo, de hacer una realidad de la mujer en el frente de batalla.

???????????????????También, a lo largo de todo el libro, Violeta relata las fiestas que se celebraban casi a diario en las dependencias de Irma Grese durante su estancia en Ravensbrück y Auschwitz, especialmente en el primero. En ellas, se afirma que la supervisora nazi mantenía relaciones sexuales tanto con altos cargos de la Wehrmacht, como con mujeres, lo que provocaba envidia entre sus compañeras de trabajo. La promiscuidad de Grese es algo que el paso del tiempo no ha conseguido borrar de las mentes de los testigos que todavía quedan con vida. Violeta Flores afirma que las relaciones de Irma con Hauptsturmfübrer Kramer (capitán de las Wehrmacht) eran ocasionales, cada vez que éste aparecía en el campo de concentración. Kramer no podía ser otro que quién fue juzgado junto a ella en Bergen-Belsen, quién aparece a su lado en las fotos tomadas por los Aliados en 1945, Josef Kramer. Fue condenado a morir en la horca por sus crímenes contra la humanidad, entre ellos el macabro asesinato de 80 mujeres en el campo de Struthof-Natzweiler. Al final de la obra se les relaciona con el libro “A sangre fría”, en el que Truman Capote explica el proceso por el que “dos delincuentes de poca monta que no pueden cometer un crimen ellos solos, se convierten en asesinos despiadados al unirse, perdiendo su propia personalidad para tener una tercera distinta”. Violeta Flores insiste que en este caso, ellos ya eran asesinos despiadados por sí mismos, pero que juntos sacaban lo peor de sí mismos, y eso era lo que le aterraba. Tanto debió ser el apego que se tenían que, probablemente sin saberlo, murieron ahorcados en la misma cuerda, con tres horas de diferencia.

Cuando digo que la crueldad de Irma Grese no tenía límite, no hago justicia a la realidad. Teniendo en cuenta que los hechos reflejados en la novela están históricamente comprobados, leer que se encontraron lámparas fabricadas con piel humana en sus dependencias, o que “era una sádica que había disfrutado teniendo orgasmos en el momento de destrozar pechos a latigazos” no es absolutamente nada comparado a que la protagonista del libro encuentre las notas escritas por Irma. En una de ellas, probablemente la más bestial, pone “El placer que siento al disparar a sus hembras tan solo es superado por el placer que siento cuando advierto que están preñadas porque me consta que en ese momento estoy eliminando a dos enemigos de mi Führer. Sus cráneos estallan dejando escapar la masa encefálica en un efecto muy similar al de pisar una cucaracha y siempre complace aplastar las cucarachas que han invadido tu hogar.” Supongo que el autor comprendió la necesidad de honrar a todas esas personas cuyas familias tuvieron que llorar sin ponerles rostro y es por eso que, mediante Violeta, su mensaje vuelve a ser claro: “Irma también afirmaba que no solo había destruido judíos, zíngaros o polacos; había destruido simientes de las que hubieran nacido nuevas generaciones de judíos, zíngaros o polacos, y a menudo me pregunto por qué razón se han levantado infinidad de monumentos en memoria de los caídos en la guerra, así como enormes y cuidados cementerios repletos de cruces perfectamente alineadas, pero no existe ni tan siquiera un monolito en honor a todos aquellos que no consiguieron ver la luz porque les volaron la cabeza a sus madres cuando aún los llevaban en el vientre. Tantos años después, muchos hijos de cuantos consiguieron nacer porque nadie ejecutó a sus madres fanfarronean tatuándose símbolos que nos retrotraen a la época más nefasta de la historia de la humanidad y en ocasiones experimento la necesidad de arrancarles ese pedazo de piel, con el fin de fabricar lámparas a cuya luz puedan leer lo que dejó escrito Irma Grese.”

Irma permaneció en el campo de exterminio de Bergen-Belsen hasta que, el 15 de abril de 1945, el ejército británico liberó el lugar y detuvo a los miembros de las SS que todavía permanecían en el lugar. María Mandel, que también aparece en el libro, consiguió huir, pero fue angeldelamuertedetenida, juzgada y ejecutada varios años después. Respecto a Irma Grese, continuó negando gran parte de los crímenes que se le imputaban y, desde poco antes de su sentencia, continuó estando bella hasta el último momento. Con veintidós años recién cumplidos, casi tres menos que la que hoy escribe esto sin poder comprender nada, Irma se puso firme y dijo sólo “Schnell!” (¡Rápido!), según las memorias de Albert Pierrepoint, el verdugo. Poco después de las nueve y media de la mañana del 13 de diciembre de 1945 fue ejecutada la mujer más joven según las leyes inglesas. Y es que, como dice Vázquez Figueroa en “La Bella Bestia”, “Hitler se pegó un tiro con seis años de retraso”.

Después de cincuenta y ocho años de su ejecución, Irma tenía razón. Ella esperaba que alguien siguiera sus pasos… y lo ha conseguido. La impotencia que se siente tras saber que una sola mujer ha destruido más de cien mil vidas y la historia no le ha hecho pagar por ello en los libros, sólo se ve eclipsada por lo que supone entender que en la sociedad hay personas que han dejado de serlo. Y es que, si después de comprobar que es verdad que un día Irma Grese cometió uno solo de sus crímenes, existe un ser capaz de sentir admiración por ella, es que “La Bella Bestia” ha resucitado. El verdadero problema ya no reside en que aparezca un blog buscando “justicia” para alguien que privó a más de cien mil personas de ella, sino en que los crímenes contra la humanidad cometidos por Irma Grese están más cerca de prescribir cada vez que alguien lee “Irma Ilse Ida Grese Winter, ejecutada injustamente” (ver más).

Y es que, como dice Vázquez Figueroa, “Desgraciadamente llevamos camino de volver a lo mismo, en que otra vez no puede ser que el uno o dos por ciento de la humanidad tenga el 90 y tantos por ciento de la riqueza y nunca se cansen, hasta que llegue un momento que todo esto vuelva a estallar. Y lo ves, están renaciendo los grupos ultraderechistas. Y entonces dices: ¿Cómo es posible? ¿No hemos aprendido nada?”

Porque las cosas no cambian; y como le cantaba Paco Ibañez a Machado en 1969 en el Olympia de París, “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”.

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comentarios
  1. Te confieso, no te crei que de verdad alguien alla escrito que Irma Grese Winter, hubiese sido ejecutada injustamente… que horror!!. Y decir eso solo por contradicciones circunstanciales en las declaraciones de los sobrevivientes. Basta con leer la propia nota de Grese que mencionas aqui mismo para ejecutarla.

    • plannersb dice:

      Cuesta creer, ¿verdad? que después de haber leído una sola de las cosas que hizo esta mujer alguien la defienda. Cuando descubrí el blog no cabía en mí del asombro. Y es por eso que tengo miedo, ¿de qué puede ser capaz alguien que defienda a esta homicida?

  2. madre mía se me encoge el pecho!!… gracias por compartirlo y presentarlo de esta forma, muy claro todo. Hay que tener poco estima por la vida para cometer las atrocidades que llevó a cabo Grese… pero para defenderla en la actualidad, con todo lo que hemos vivido desde el fín del Tercer Reich…. en fín. Paciencia.

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