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Laura Aguilar  @LauretaAguilarH

Hoy queremos presentaros el reportaje Miss Representation.  Esta producción se estrenó en el programa de Oprah Winfrey en noviembre de 2011 y su emisión se convirtió en toda una llamada a la acción que obtuvo respuesta inmediata en Internet. A España llegó en 2013 por La 2 de TVE y en ella han participado importantes educadores, intelectuales, periodistas y actrices apostando por un cambio radical hacia una sociedad  donde los hombres dejen de sentirse amenazados por el acceso de la mujer a ámbitos tradicionalmente masculinos.

A veces no somos conscientes del poder que los medios de comunicación ejercen sobre nosotros prácticamente desde nuestro nacimiento. En ellos, la mujer es presentada de forma irreal y superficial, concentrando el mayor número de estereotipos sexistas posibles, atribuyéndosele unos roles claramente marcados y cosificándola. Las personas más jóvenes, claramente expuestas a los medios, interiorizan sin darse cuenta estos estereotipos, censurando a quién no cumple con los patrones marcados.

La publicidad y los medios de comunicación, se sirven de la inseguridad para generar ventas. El culto a la belleza y a unos modelos de mujer totalmente irreales ayuda a los garantes del capitalismo a seguir ganando dinero, además de que contribuye fuertemente a mantener las desigualdades entre los géneros.  Además en los medios de comunicación y en otros campos relevantes de la vida pública, como la política , el número de mujeres sigue siendo extremadamente bajo  o en los peores casos, inexistente. Así, el resto no encuentra ningún modelo de referencia más allá del patrón/estereotipo que les dice que su única forma de tener poder es ser guapas y delgadas, además de convertirse en la “mujer perfecta” que los roles de género de la “feminidad moderna” marcan.

Como ya he dicho, si no se ve la representación, si no contamos con mujeres en puestos importantes, si continuamos legitimando esta imposición social de género, en que se disuade a las mujeres de acceder al poder defendiendo que el liderazgo es algo ” de hombres”, lo que están percibiendo las mujeres de toda la humanidad es que no pueden ser eso, “porque no pueden ser lo que no existe”. Asimismo, a las pocas que logran acceder a  puestos de cierta influencia, véase una senadora o una directora de informativos, se las cuestiona y se llega incluso a dudar de su cualificación sólo por el hecho de ser mujeres.

Considero que el cambio debería comenzar por empezar a crear nuestra propia visión del personaje femenino, por exigir a los medios su responsabilidad (y que estos dejaran de esconderse detrás de la “libertad de expresión” para continuar legitimando un modelo erróneo) y a los gobiernos que legislen por y para mejorar esta situación de forma real.  Debemos aportar nuestras muchas perspectivas de mujer para dejar de oír la versión masculina  de nuestra propia historia y que así todas podamos pasar a descubrir nuestro verdadero poder.

Y, como bien dice el reportaje, dejar de lado los prejuicios y  vivir según  nuestra propia visión de lo que puede ser una mujer.

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Aïda Galmés // @aideta_riot

Hoy no escribimos nosotras en la sección de OPINIÓN de nuestro blog. Hoy cedemos este espacio a una reflexión que hace una socia del periódico La Marea (periodismo diferente, independiente y comprometido). Amparo Ariño es profesora de Filosofía en la Universidad de Valencia y experta en Sarte y Simone de Beauvoir.

Podéis leer su interesante artículo de opinión completo aquí.

La autora sostiene sus argumentos desde un punto de partida concreto: “alienación del propio cuerpo que sufre la mujer por el hecho de serlo. Es decir, la que sufre exclusivamente por ser mujer. Se trata por tanto de una situación específicamente femenina”. Se plantea entonces, si el cuerpo de la mujer deja de ser una persona para ser simplemente eso: un objeto o cosa, ¿a quién pertenece?, ¿quién decide sobre ese cuerpo?, ¿qué derecho tiene?. “Pero las cosas no son personas, no son sujetos. Las cosas no tienen derechos. Por eso los derechos de las mujeres, aun allí donde son reconocidos formalmente, no son respetados de hecho“.

Este proceso de cosificación no se sostiene por sí solo. Amparo Ariño aporta pruebas. En primer lugar “a la mujer se la ha venido identificando con su  cuerpo” y su capacidad de reproducirse principalmente. En una sociedad capitalista, esto se evidencia aún más vendiendo a las mujeres productos o artículos que han de tener para conseguir el aspecto perfecto y el estatus ideal. Además, para vender estos artículos se emplean cuerpos perfectos de mujeres, con medidas dentro de los cánones de belleza. Para vender productos a los hombres, también es efectiva la figura de una mujer. “Una imagen modelada según el patrón del gusto masculino, de su deseo:  mujer joven, de rasgos agraciados, a veces perfectos, en la que se combinan  esbeltez y exuberancia. Una imagen mejorada artificialmente en ocasiones con las técnicas del Photoshop“. ¿Alguien puede negarnos que la publicidad sigue siendo sexista?

 

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“Lo cierto es que esta concepción de la mujer no siempre se hace explícita, al menos en la cultura occidental, aunque sí en los dogmas y creencias religiosas, incluso en los códigos sociales de ciertas culturas. Pero cuando analizamos cuál es la situación en general de la mujer,  la idea subyacente de mujer-cosa sí se hace patente”. La autora expone aquí como en las sociedad occidentales esos “micro-machismos” o comportamientos que perpetúan simplemente se van aceptando, en vez de evidenciarlos y luchar contra ellos. Se da por sentado cómo debemos ser las mujeres y qué roles tomar.

El cuerpo de la mujer, como de hecho no le pertenece a ella misma, debe ser una cosa moldeable“. Moldeable de acuerdo con las modas y gustos de quién posee ese cuerpo. no es ella la que decide en qué momento se siente bien con ese cuerpo, que deja de ser completamente suyo para estar influido por agentes externos. Sin embargo, este objeto maleable no únicamente es manipulado en su envoltura, también en su interior: “como denunciaba Simone de Beauvoir en El segundo sexo, aunque variable en sus formas, esta imagen suele estar vinculada a la sumisión“. Ser mujer no solamente es tener la capacidad de parir, la capacidad de gustar y el deseo de conseguir un 90-60-90. Ser mujer también es actuar en consecuencia. Adquirir hábitos, demostrarlo a través de un cuerpo agradable. Este conjunto de estereotipos son los que crean en última instancia a la mujer. Una mujer más masculina ya no nos vale. Por lo que entraríamos ya en cuestiones referentes al transgénero. Pero si las mujeres estamos en desigualdad, nos podemos hacer una idea de como son tratadas otras opciones sexuales o de género… La decisión sobre esos cuerpos suele empezar desde el nacimiento del bebé, acentuándose conforme van tomando consciencia de quiénes desean ser. Cuestionando y condicionando. Incluso invisibilizando.

Las normas de juego son las que marca el heteropatriarcado. Por ejemplo: “Para asegurarse ese disfrute instituye un modo de derecho de posesión, el  llamado “débito conyugal”, y lo garantiza con el amparo de la institución matrimonial. Pero el acceso a la mujer como cosa sexualmente deseada puede lograrlo también el varón mediante las transacciones comerciales en las que consiste la prostitución“, “se las explota económicamente, muchas veces son otros, en general hombres, quienes se lucran de ese comercio. Y los clientes que utilizan sus servicios no desconocen estas circunstancias. Pero la prostitución se justifica y se pretende que sea inevitable“. Ahora podrían decir: “también existe prostitución masculina“. Muy bien, pero ¿es acaso igual de común ver una prostituta a un prostituto?, ¿hay el mismo número de hombres dedicados a este “oficio” como mujeres?, ¿demandan las mujeres los servicios sexuales de hombres de la misma forma?, ?quién hay detrás de las mujeres obligadas a prostituirse (que por cierto son la mayoría)?.

Otra evidencia clara para la autora de la cosificación del cuerpo de la mujer es la violencia que se ejerce sobre este: “no hay verdadero rechazo social del maltratador, no se le aísla . En muchos casos ni siquiera se le aleja  suficientemente de la víctima. Eso sí, en caso de resultado de muerte,  se aplaude al paso del féretro y, a veces, hasta se guarda un minuto de silencio“. Pero no toda violencia es explícita, como decíamos antes, los medios de comunicación son violencia, las decisiones del Estado son violencia, un trato preferente, sutil y continuado a los hombres frente a las mujeres es al fin y al cabo también violencia. Son comportamientos que violentan a las mujeres que chocan de frente con situaciones que no comprenden. Con situaciones que no suelen vivir los hombres. Por esta razón muchos negarán la existencia de esta violencia.

Porque, repito por enésima vez, su cuerpo no es suyo. Puede aducirse que estos castigos y  estas situaciones  se dan en culturas aparentemente muy distintas a la nuestra pero, en realidad, lo que a estas subyace es un concepto de mujer que es esencialmente universal: la mujer es objeto y no sujeto de pleno derecho, por eso, en realidad, su cuerpo no le pertenece y no se le reconoce derecho a decir libremente sobre él: ni sobre su sexualidad, ni sobre su aspecto,  ni sobre sus actos. Ni siquiera su vida le pertenece. Cuando escribo este texto (14 noviembre 2013) ya han sido asesinadas 62 mujeres en España, en lo que va de año, víctimas de crímenes de género“.

Es una lástima que se nieguen estas condiciones desiguales entre hombres y mujeres. Que se obvien y se antepongan excusas facilonas. Pero para aquel que se cree en posesión de la verdad, será difícil hacerle ver otra perspectiva. Este artículo expone razones, que quizá ya conocemos, pero que conviene recordar. Argumentos y ejemplos simples, en un contexto en el que las mujeres no queremos perder el derecho al aborto que tanto ha costado de ganar y que si se nos es arrebatado, regresaremos a la época franquista. Así como tampoco queremos perder nada más. Solo podemos ganar.

Nuestro cuerpo nos pertenece, seamos jóvenes o mayores. Hombres o mujeres. Las dos cosas, o ninguna.

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Laura Aguilar  @LauretaAguilarH

Hace poco leí varias noticias y textos de “sociólogos ” que explicaban que el machismo, “sorprendentemente” sobrevive en los jóvenes. Aludían como causa a la “falla en la educación” indicando que su erradicación pasa por  “enseñar valores universales a la juventud, que puede estar muy instruida, pero muy poco educada en los valores”.

 No puedo sino discrepar. Estos “expertos” utilizan el término “valores universales” como si de una fórmula mágica se tratase, cuando, a mi juicio, resulta totalmente hipócrita el intentar evangelizar con “valores” mientras nos encontramos inmersos en una sociedad totalmente capitalista en la que se establecen relaciones de propiedad con absolutamente todo, incluidas las personas.

Cuando se penaliza o prohíbe el aborto desde el Estado ¿ no es apropiación del cuerpo femenino? ¿Y cuando el cuerpo de una persona es exhibido como “mercancía sexual” en las campañas publicitarias? Hablan de “valores” cuando vivimos cada segundo en una sociedad vaciada de ellos, cuando las clases dominantes que tanto los predican nunca los han conocido.

Resulta bastante ingenuo el pretender erradicar el machismo mediante “cursos de valores” obviando la hipocresía del sistema capitalista, su inhumanidad. Resulta erróneo  sin antes ahondar en que éste (además de otras cosas) es la expresión en la relación entre hombres y mujeres de la relación de sujeto a objeto propia del capitalismo.

“Las relaciones de poder, relaciones de sujeto a objeto, sólo pueden producirse si el sujeto «sabe» y el objeto «ignora»: el poder consiste en apropiarse el azar, ser inexplicable e impredecible, y atribuir a la norma, poder explicar y predecir. (Ibáñez, 1979, p. 23)”. Esto es el machismo. El ejercicio de la fuerza masculina con el fin de subyugar a la mujer,  con el fin de que éstas tengan siempre presente “quién manda”.

Extrapolándolo,  resulta obvio que es exactamente lo mismo que sucede cuando las clases dominantes del sistema capitalista se imponen al resto de la sociedad. ¿Acaso no es lo que pasa cuando una mujer recibe sueldos bajos en relación con sus homólogos masculinos? ¿Pero no lo es también cuando gran número de personas viven con lo mínimo mientras otros no podrían ni llegar a contar el  capital  con el que cuentan?

El querer enseñar “valores” sin desnudar la falsedad del sistema capitalista es una consagración de la hipocresía, es, a mi juicio, pura ideología capitalista ocultadora de su ilegítimo fondo.

1. Ibáñez, Jesús (1979). Más allá de la sociología. Madrid: Siglo XXI

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