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Laura Aguilar  @LauretaAguilarH

Hoy queremos presentaros el reportaje Miss Representation.  Esta producción se estrenó en el programa de Oprah Winfrey en noviembre de 2011 y su emisión se convirtió en toda una llamada a la acción que obtuvo respuesta inmediata en Internet. A España llegó en 2013 por La 2 de TVE y en ella han participado importantes educadores, intelectuales, periodistas y actrices apostando por un cambio radical hacia una sociedad  donde los hombres dejen de sentirse amenazados por el acceso de la mujer a ámbitos tradicionalmente masculinos.

A veces no somos conscientes del poder que los medios de comunicación ejercen sobre nosotros prácticamente desde nuestro nacimiento. En ellos, la mujer es presentada de forma irreal y superficial, concentrando el mayor número de estereotipos sexistas posibles, atribuyéndosele unos roles claramente marcados y cosificándola. Las personas más jóvenes, claramente expuestas a los medios, interiorizan sin darse cuenta estos estereotipos, censurando a quién no cumple con los patrones marcados.

La publicidad y los medios de comunicación, se sirven de la inseguridad para generar ventas. El culto a la belleza y a unos modelos de mujer totalmente irreales ayuda a los garantes del capitalismo a seguir ganando dinero, además de que contribuye fuertemente a mantener las desigualdades entre los géneros.  Además en los medios de comunicación y en otros campos relevantes de la vida pública, como la política , el número de mujeres sigue siendo extremadamente bajo  o en los peores casos, inexistente. Así, el resto no encuentra ningún modelo de referencia más allá del patrón/estereotipo que les dice que su única forma de tener poder es ser guapas y delgadas, además de convertirse en la “mujer perfecta” que los roles de género de la “feminidad moderna” marcan.

Como ya he dicho, si no se ve la representación, si no contamos con mujeres en puestos importantes, si continuamos legitimando esta imposición social de género, en que se disuade a las mujeres de acceder al poder defendiendo que el liderazgo es algo ” de hombres”, lo que están percibiendo las mujeres de toda la humanidad es que no pueden ser eso, “porque no pueden ser lo que no existe”. Asimismo, a las pocas que logran acceder a  puestos de cierta influencia, véase una senadora o una directora de informativos, se las cuestiona y se llega incluso a dudar de su cualificación sólo por el hecho de ser mujeres.

Considero que el cambio debería comenzar por empezar a crear nuestra propia visión del personaje femenino, por exigir a los medios su responsabilidad (y que estos dejaran de esconderse detrás de la “libertad de expresión” para continuar legitimando un modelo erróneo) y a los gobiernos que legislen por y para mejorar esta situación de forma real.  Debemos aportar nuestras muchas perspectivas de mujer para dejar de oír la versión masculina  de nuestra propia historia y que así todas podamos pasar a descubrir nuestro verdadero poder.

Y, como bien dice el reportaje, dejar de lado los prejuicios y  vivir según  nuestra propia visión de lo que puede ser una mujer.

¿Qué significa ser mujer?, ¿cómo se construye ese rol?…
Esperamos que con este vídeo os quede claro como se construye socialmente esa imagen de mujer perfecta.

Aïda Galmés // @aideta_riot

Hoy no escribimos nosotras en la sección de OPINIÓN de nuestro blog. Hoy cedemos este espacio a una reflexión que hace una socia del periódico La Marea (periodismo diferente, independiente y comprometido). Amparo Ariño es profesora de Filosofía en la Universidad de Valencia y experta en Sarte y Simone de Beauvoir.

Podéis leer su interesante artículo de opinión completo aquí.

La autora sostiene sus argumentos desde un punto de partida concreto: “alienación del propio cuerpo que sufre la mujer por el hecho de serlo. Es decir, la que sufre exclusivamente por ser mujer. Se trata por tanto de una situación específicamente femenina”. Se plantea entonces, si el cuerpo de la mujer deja de ser una persona para ser simplemente eso: un objeto o cosa, ¿a quién pertenece?, ¿quién decide sobre ese cuerpo?, ¿qué derecho tiene?. “Pero las cosas no son personas, no son sujetos. Las cosas no tienen derechos. Por eso los derechos de las mujeres, aun allí donde son reconocidos formalmente, no son respetados de hecho“.

Este proceso de cosificación no se sostiene por sí solo. Amparo Ariño aporta pruebas. En primer lugar “a la mujer se la ha venido identificando con su  cuerpo” y su capacidad de reproducirse principalmente. En una sociedad capitalista, esto se evidencia aún más vendiendo a las mujeres productos o artículos que han de tener para conseguir el aspecto perfecto y el estatus ideal. Además, para vender estos artículos se emplean cuerpos perfectos de mujeres, con medidas dentro de los cánones de belleza. Para vender productos a los hombres, también es efectiva la figura de una mujer. “Una imagen modelada según el patrón del gusto masculino, de su deseo:  mujer joven, de rasgos agraciados, a veces perfectos, en la que se combinan  esbeltez y exuberancia. Una imagen mejorada artificialmente en ocasiones con las técnicas del Photoshop“. ¿Alguien puede negarnos que la publicidad sigue siendo sexista?

 

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“Lo cierto es que esta concepción de la mujer no siempre se hace explícita, al menos en la cultura occidental, aunque sí en los dogmas y creencias religiosas, incluso en los códigos sociales de ciertas culturas. Pero cuando analizamos cuál es la situación en general de la mujer,  la idea subyacente de mujer-cosa sí se hace patente”. La autora expone aquí como en las sociedad occidentales esos “micro-machismos” o comportamientos que perpetúan simplemente se van aceptando, en vez de evidenciarlos y luchar contra ellos. Se da por sentado cómo debemos ser las mujeres y qué roles tomar.

El cuerpo de la mujer, como de hecho no le pertenece a ella misma, debe ser una cosa moldeable“. Moldeable de acuerdo con las modas y gustos de quién posee ese cuerpo. no es ella la que decide en qué momento se siente bien con ese cuerpo, que deja de ser completamente suyo para estar influido por agentes externos. Sin embargo, este objeto maleable no únicamente es manipulado en su envoltura, también en su interior: “como denunciaba Simone de Beauvoir en El segundo sexo, aunque variable en sus formas, esta imagen suele estar vinculada a la sumisión“. Ser mujer no solamente es tener la capacidad de parir, la capacidad de gustar y el deseo de conseguir un 90-60-90. Ser mujer también es actuar en consecuencia. Adquirir hábitos, demostrarlo a través de un cuerpo agradable. Este conjunto de estereotipos son los que crean en última instancia a la mujer. Una mujer más masculina ya no nos vale. Por lo que entraríamos ya en cuestiones referentes al transgénero. Pero si las mujeres estamos en desigualdad, nos podemos hacer una idea de como son tratadas otras opciones sexuales o de género… La decisión sobre esos cuerpos suele empezar desde el nacimiento del bebé, acentuándose conforme van tomando consciencia de quiénes desean ser. Cuestionando y condicionando. Incluso invisibilizando.

Las normas de juego son las que marca el heteropatriarcado. Por ejemplo: “Para asegurarse ese disfrute instituye un modo de derecho de posesión, el  llamado “débito conyugal”, y lo garantiza con el amparo de la institución matrimonial. Pero el acceso a la mujer como cosa sexualmente deseada puede lograrlo también el varón mediante las transacciones comerciales en las que consiste la prostitución“, “se las explota económicamente, muchas veces son otros, en general hombres, quienes se lucran de ese comercio. Y los clientes que utilizan sus servicios no desconocen estas circunstancias. Pero la prostitución se justifica y se pretende que sea inevitable“. Ahora podrían decir: “también existe prostitución masculina“. Muy bien, pero ¿es acaso igual de común ver una prostituta a un prostituto?, ¿hay el mismo número de hombres dedicados a este “oficio” como mujeres?, ¿demandan las mujeres los servicios sexuales de hombres de la misma forma?, ?quién hay detrás de las mujeres obligadas a prostituirse (que por cierto son la mayoría)?.

Otra evidencia clara para la autora de la cosificación del cuerpo de la mujer es la violencia que se ejerce sobre este: “no hay verdadero rechazo social del maltratador, no se le aísla . En muchos casos ni siquiera se le aleja  suficientemente de la víctima. Eso sí, en caso de resultado de muerte,  se aplaude al paso del féretro y, a veces, hasta se guarda un minuto de silencio“. Pero no toda violencia es explícita, como decíamos antes, los medios de comunicación son violencia, las decisiones del Estado son violencia, un trato preferente, sutil y continuado a los hombres frente a las mujeres es al fin y al cabo también violencia. Son comportamientos que violentan a las mujeres que chocan de frente con situaciones que no comprenden. Con situaciones que no suelen vivir los hombres. Por esta razón muchos negarán la existencia de esta violencia.

Porque, repito por enésima vez, su cuerpo no es suyo. Puede aducirse que estos castigos y  estas situaciones  se dan en culturas aparentemente muy distintas a la nuestra pero, en realidad, lo que a estas subyace es un concepto de mujer que es esencialmente universal: la mujer es objeto y no sujeto de pleno derecho, por eso, en realidad, su cuerpo no le pertenece y no se le reconoce derecho a decir libremente sobre él: ni sobre su sexualidad, ni sobre su aspecto,  ni sobre sus actos. Ni siquiera su vida le pertenece. Cuando escribo este texto (14 noviembre 2013) ya han sido asesinadas 62 mujeres en España, en lo que va de año, víctimas de crímenes de género“.

Es una lástima que se nieguen estas condiciones desiguales entre hombres y mujeres. Que se obvien y se antepongan excusas facilonas. Pero para aquel que se cree en posesión de la verdad, será difícil hacerle ver otra perspectiva. Este artículo expone razones, que quizá ya conocemos, pero que conviene recordar. Argumentos y ejemplos simples, en un contexto en el que las mujeres no queremos perder el derecho al aborto que tanto ha costado de ganar y que si se nos es arrebatado, regresaremos a la época franquista. Así como tampoco queremos perder nada más. Solo podemos ganar.

Nuestro cuerpo nos pertenece, seamos jóvenes o mayores. Hombres o mujeres. Las dos cosas, o ninguna.

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Clara Ribes @angelcaido89

Ayer falleció una mujer en Villanueva de la Jara (Cuenca) a manos de su marido. En el último mes han sido tres los casos de violencia de género en la Comunidad Valenciana. En lo que llevamos de 2013 el machismo se ha cobrado la vida de 42 mujeres y 8 menores.

La semana pasada leí que, según el Informe Global publicado en 2013 por el Foro Económico Mundial, España ha pasado de ocupar el 10º puesto en 2007 al 30º en cuanto a igualdad de género. Encontramos “España, aún lejos de los países con mayor igualdad de género” en Euronews.es (seguir leyendo), y “España vuelve a retroceder en el índice mundial de igualdad de género” en Eldiario.es (seguir leyendo). Es cierto que la mayor caída se produjo entre 2011 y 2012, pasándose del puesto 12 al 26; sin embargo, lejos de volver a ocupar la cabeza de la lista, España sigue cayendo puestos y aumentando su propia brecha de género. Teniendo en cuenta que el informe mide múltiples factores como la participación económica y laboral, educación o participación política (este último ha obtenido la puntuación más baja), no se puede negar que la caída está ligada a la crisis que sufre el país. El retroceso español en materia de igualdad de género en los últimos dos años, pone de manifiesto la pérdida de valores que está sufriendo la sociedad.

El bombardeo de noticias por parte de los medios haciendo apología de violencia machista, la habitual falta de tacto por parte de los periodistas y las pocas o nulas medidas que el Ejecutivo impone para cerrar la brecha de género, han ayudado a que cada día más mujeres retiren las denuncias que habían cursado, al aumento del miedo en ellas y la impunidad en ellos… Han convertido la violencia machista en el día a día de la sociedad española. Como decía esta mañana el secretario general del PSPV, Ximo Puig, este problema “debe volver a la agenda política y no a la sección de sucesos” (seguir leyendo).

Pero, además, no podemos obviar el contenido y/o lenguaje sexista de muchas piezas informativas. El sábado, la edición digital de La Razón publicaba “¿Quieres ser buena madre? Confía en tu instinto” (seguir leyendo), donde se les da una serie de consejos a los progenitores para que confíen en sus instintos para cuidar de sus hijos. Sin embargo, aunque el titular deja claro que sólo las madres tienen ese instinto, a partir del segundo párrafo encontramos fórmulas como “ven lo que hacen y comen los padres” o “la inmensa mayoría de los padres que se quejan”, dónde únicamente se utiliza el término genérico “padres” para referirse a los dos sexos, excepto en el quinto párrafo, que se expone “las madres y los padres les persiguen con la cuchara”. Este tratamiento es muy habitual en los medios, especialmente al referirse a la mujer como madre. Y no hubiera llamado tanto mi atención de no ser por el final de la pieza, tras el ladillo “Rechaza el sentimiento de culpabilidad de las madres”. A partir de este punto, los consejos se centran únicamente la mujer, predisponiéndola a ser la que cuida del bebé. Esto se ve reflejado en “el especialista ha recordado a las madres que ‘no son culpables’ de todo”, “cuando los hijos se ponen enfermos las madres crean que ha sido por error suyo”, o el coronamiento del penúltimo párrafo, donde la mujer retoma el rol de madre como algo intrínseco: “Una idea que el experto ha rechazado asegurando que una mujer ‘siempre suele ser una buena madre’”.

Por otra parte, estamos acostumbrados a las decenas de columnistas que atentan contra los derechos de las mujeres, homosexuales, inmigrantes, etc. Yo, personalmente, estoy bastante cansada de encontrar descripciones sexistas, de ver palabras como “jaca” o “torda” en referencia a una mujer, de estar expuesta a que escritores de renombre, en este caso, como Arturo Pérez Reverte nos denigren hasta el punto de decir: BASTA. En su página web personal encontramos editoriales como “Mujeres como las de antes” (seguir leyendo), donde nos quedamos atónitos ante pasajes como “en el vestíbulo vemos a una torda espectacular” o “a unas focas deshechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada”, para acabar con un chiste puramente sexista. No sería tanta mi indignación si un misógino en potencia, como este señor, se limitara a decírselo a Javier Marías en el vestíbulo del Palace sin necesidad de airearlo por todo el país.

Pero es que estas fórmulas también las encontramos en artículos publicados fuera de la sección de opinión. El apartado “Gente” apela a un sensacionalismo en el que no debería caer la prensa generalista; sin embargo, prácticamente todos los periódicos españoles contienen una sección dedicada a esto. Aunque sea un apartado dudosamente informativo, las piezas que incluya no deberían parecer extraídas del OFF de “Aquí hay tomate”. En la edición digital de La Razón, nuevamente, encontramos “El síndrome de embarazada de Sara Carbonero” (seguir leyendo) donde, antes de informar del complejo de Carbonero, dedican prácticamente un párrafo a admirar su belleza física: “Enormes ojos verdes, carnosos labios, un cuerpo de escándalo, una melena envidiable y un estilo único: cualquiera diría que lo tiene todo. Incluso en aquella mítica portada en la que se mostraba despojada de maquillaje y de cualquier retoque fotográfico aparecía inusitadamente guapa”.

Teniendo en cuenta que la situación de la mujer en España sigue siendo un problema, que el establecimiento de unos derechos y leyes de igualdad de género no han conseguido ni de lejos frenar la desigualdad a la que está sometida… En aquellos países donde ni tan siquiera existen garantías de respeto a los derechos humanos, ¿qué es de esas mujeres?

women2drive1Hace poco más de una semana veíamos, precisamente, a qué está expuesta una mujer Saudí por el mero hecho de conducir. Y, además, cómo los medios de comunicación españoles volvían a demostrar su consideración con el sexo femenino.

En 1990, el jeque Abdulaziz bin Baz de Arabia Saudí emitió un edicto religioso por el que el Ministerio del Interior prohibiría a las mujeres conducir. Pese a que no existe una ley escrita que lo reafirme, cuando ese mismo año medio centenar de mujeres condujo por las calles de Riad a modo de protesta, se las detuvo durante 24 horas, les retiraron los pasaportes y algunas perdieron su empleo. Nada menos que diecisiete años después, en 2007, la Asociación para la Protección y Defensa de los Derechos de las Mujeres en Arabia Saudí reunió 1.100 firmas en un intento de revocar la “ley”.

Hace dos años, se llevó a cabo una nueva campaña con el nombre “Women2Drive”, en la que se animaba a las saudíes a ponerse al volante el 17 de junio. Amnistía Internacional colaboró difundiendo una petición de firmas, en la que consiguieron cerca de seis mil. Sin embargo, la detención de la activista Manal al Sharif mientras conducía, provocó un cambio de planes y la jornada no se llegó a celebrar.

Las trabas con las que se ha encontrado a lo largo de estos 23 años no ha cesado la lucha de la mujer saudí, y en ese largo camino hacia la igualdad de género, no se puede obviar la prohibición de la conducción. Por ese motivo, las activistas convocaron para el pasado 26 de octubre una jornada de “desafío” al régimen de Riad, que consistía en que todas las mujeres del país salieran a la calle al volante de sus coches y que toda la población pusiera su logotipo en los vehículos. La campaña fue bloqueada por las autoridades en el reino, pero obtuvo más de 15.000 firmas de apoyo. Sin embargo, los días previos fue detenida una de las activistas que se grababa conduciendo por las calles de Riad, Azza, junto a la amiga que filmaba, Eman al Nafjan.

women2driveAlgunos diarios, como la edición digital de El País, se hacían eco de la campaña pocos días antes del 26, pero utilizando como principal reclamo las grabaciones de las activistas y su detención. Bajo un titular poco acertado, “Las mujeres de Arabia Saudí desafían la prohibición de conducir” (seguir leyendo), la periodista explica varias acciones que han emprendido las activistas saudíes y el posicionamiento de algunos miembros de la sociedad, pero es necesario acudir al despiece para obtener información anterior, ya que la pieza no la aporta. El titular me ha llamado especialmente la atención por la utilización del verbo “desafiar”, que parece que deja a la mujer como una delincuente por haber vulnerado la normativa, en lugar de otro más apropiado como “rebelarse”.

Otros medios, como Público.es, los días previos a la jornada “al volante” elaboraron piezas de apoyo a los años de lucha de la mujer saudí en el ámbito de la conducción. En el artículo “La revolución entre pedales de las mujeres de Arabia Saudí” (seguir leyendo) se propone un breve recorrido por la historia de esa ley no escrita, de forma que se deja patente que las activistas no han cesado en su ansia por vencer la prohibición. La pieza se sujeta en esto para justificar la campaña del día 26, visibilizando tanto el punto de vista de las promotoras de la iniciativa como de algunos dudosos expertos.

Sin embargo, la gran mayoría de medios de comunicación se hicieron eco de la campaña después de haberse celebrado o a lo largo del mismo 26 de octubre. Muchas de ellas, mediante el uso de lenguaje poco apropiado (generalmente verbos), criminalizan a las mujeres que “desafiaron” o “se saltaron” la prohibición.

free-manalEn primer lugar, la edición digital de La Razón publicaba el 27 de octubre “Las saudíes se saltan el «prohibido conducir»” (seguir leyendo), con un subtítulo que sólo puede empeorar lo que el titular ya provocaba, un profundo condicionamiento del lector, que verá como criminales a “Decenas de mujeres desafían la Ley y las presiones del Gobierno para ponerse al volante”. A lo largo de la pieza se expone que, la del 26, fue una jornada de lucha por la igualdad de género, en la que además no hubo incidentes (esto último se contradice con varios artículos). Al final de la pieza destaca la enumeración de los “peligros” que supone ser mujer en Arabia Saudí, tras el ladillo “El «pecado» de ser mujer”, como “EN COMPAÑÍA: No pueden salir de casa sin permiso de un guardián y sin compañía de un familiar”.

Otro titular poco acertado, por no decir el que más, haciendo alusión (mediante la palabra “real”) al tópico de que las mujeres no saben conducir, es el escogido por la edición digital de El Mundo: “Mujeres al volante en Arabia Saudí, un peligro real para ellas” (seguir leyendo). La primera frase del texto, “Aunque no es el primero, hoy es el ‘día D’ para las mujeres en Arabia Saudí… aunque todo se quede en el simbolismo”, desalienta al lector, con la previsión de que no se va a conseguir nada. Además, en ese primer párrafo, la periodista no ha corroborado los hechos, porque la policía religiosa, entidad por la que afirma que pueden ser detenida las conductoras, ha perdido su legitimidad para realizar esta tarea, de modo que sólo puede hacerlo la policía ordinaria. De hecho, algunas activistas consideran que el hecho de que la policía religiosa no pueda detenerlas “es un avance”. La exposición de las acciones que llevaron a cabo las activistas los días previos, como el trending topic de Twitter #26October, muestra un tratamiento similar al que reciben las movilizaciones sociales en nuestro país por parte de los medios, como en “Ya desde hace días, las activistas comenzaron a ‘calentar’ la jornada”. Otro de los errores en los que incurre El Mundo es expresar que “la falta de independencia de las mujeres es una carga para los hombres”, ya que si el género femenino está expuesto a semejantes prohibiciones en Arabia Saudí es debido a los hombres. Por último, lo más importante de la pieza es que absolutamente todas y cada una de las cinco fuentes que aparecen son hombres; alguna declaración procede del Gobierno, formado por hombres, y todos los testimonios que se tienen en cuenta para el relato son también de hombres. El hecho de que no haya declaraciones de ninguna activista no es tanto como el que no las haya de otras mujeres saudíes, ni siquiera para incluirlas en opiniones o justificaciones que aparecen a lo largo del artículo.

arabiasauditaEn la edición digital de La Gaceta directamente omiten la histórica lucha de la mujer saudí, para centrarse en que quince mujeres fueron detenidas el sábado 26 en la pieza “Las autoridades saudíes multan a quince mujeres por conducir” (seguir leyendo). Pero lo más sorprendente, es que en ningún momento se hace alusión a que las activistas eran mujeres ni que pertenecen a una asociación que lleva años movilizándose por la igualdad de género, sino que en varias ocasiones se expone “Un grupo de activistas hicieron un llamamiento a las mujeres” o “un grupo de activistas habían anunciado una campaña contra la prohibición”, juzgando, entre líneas, a las mujeres que condujeron el pasado día 26 por saltarse una normativa. Una vez más, se demuestra el posicionamiento del medio al no aparecer ninguna fuente ajena a las fuerzas de seguridad de Riad o periódicos saudíes. Por último, del pie de foto mejor no hacer ningún comentario: “No pueden conducir solas”.

Tras la pieza publicada el 27 de octubre relatando que en la jornada de movilizaciones del sábado 26 “ninguna de ellas fue arrestada ni multada” (en referencia a las mujeres que decidieron conducir en Arabia Saudí), el 28 de octubre la versión digital de La Razón publica “Una docena de mujeres detenidas por conducir en Arabia Saudí” (seguir leyendo), destacando las detenciones en la jornada del sábado. También en este caso, las dos fuentes de los cuerpos de seguridad de Riad a las que acude el medio para la redacción del artículo son hombres; el resto son los medios de comunicación.

Después de ver cómo los medios de comunicación de un país en el que, se supone que, la mujer es igual al hombre ante la ley y la sociedad, tratan al género femenino; imponiéndole el rol de madre y los instintos que a ello van ligados, la necesidad de la feminidad y la belleza exterior o criminalizando a las cerca de 60 mujeres que condujeron el 26 de octubre por las calles de su ciudad… Me pregunto qué ejemplo podemos estar dando a una sociedad como la saudí, que ni tan siquiera tiene aprobados, y mucho menos ratificados, la mitad de los derechos humanos.

Y es que, si de los 136 países que participan en el Índice Mundial de Igualdad de Género, España ha pasado de ocupar 10 al 30, y pretende cerrar la brecha de publicando en los medios afines al Gobierno que la mujer saudí “desafía las leyes y las presiones del gobierno” para llevar a su padre al hospital o a su hijo al colegio… Es que estamos mucho peor de lo que pensamos. Pero como siempre, la culpa es del “feminismo de las izquierdas”, como leí el otro día no recuerdo muy bien dónde…

Sufragistas

Publicado: octubre 27, 2013 en CULTURA
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Amalia Rosado

“El principio regulador de las actuales relaciones entre los dos sexos –la subordinación legal del uno al otro- es intrínsecamente erróneo y ahora constituye uno de los obstáculos más importantes para el progreso humano; y debiera ser sustituido por un principio de perfecta igualdad que no admitiera poder ni privilegio para unos ni incapacidad para otros”.

John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill
El sometimiento de la mujer
1869

Angela Merkel, Dilma Roussef, Canciller de la República Federal Alemana y Presidenta de Brasil respectivamente están consideradas hoy dos de los dirigentes con más poder en el mundo. Las dos son mujeres que han sido elegidas democraticamente por sus compatriotas en unas elecciones libres. Esto que nos parece ahora tan normal y lógico es producto de una lucha iniciada hace poco más de un siglo por diferentes grupos de mujeres en diferentes lugares del mundo. Sin la determinación y esfuerzo de las llamadas sufragistas la situación de la participación política de las mujeres sería, sin duda, otra muy diferente.

La primera precursora que presentamos es la inglesa Mary Wollstonecraft, que de alguna manera, recopila un sentimiento latente en ciertos círculos de la sociedad británica, aunque muy minoritarios. Ella formula en su obra Vindicación de los derechos de la Mujer de 1792, un resumen de la larga tradición del feminismo en Gran Bretaña. Esta obra, también entronca con los textos revolucionarios franceses y con las vanguardias intelectuales de la época. Es un texto que critica el absolutismo de los reyes y ya señala la conexión que existe entre los sistemas políticos del antiguo régimen y las relaciones de poder entre sexos, que consagran legal y religiosamente la predominancia del hombre sobre la mujer. En esta época los hombres ejercían una verdadera tiranía sobre las mujeres en los dos únicos ámbitos donde esta tenía permitida alguna presencia, el familiar y el doméstico. Es realmente interesante ver como, al igual que el feminismo actual propugna, era determinante para la liberación de la mujer el acceso a la educación como premisa principal para su emancipación. Las mujeres educadas alcanzarían un plano de igualdad al poder también acceder a actividades remuneradas lo que les permitiría una independencia económica. Su discurso suena ahora con plena vigencia. Pero en el plano del voto, esta mujer no se muestra preocupada por la participación de la mujer en la vida política y menos aún porque pueda ejercer derecho a voto. Estas reivindicaciones no eran, en esta época, ni lo más importante, ni lo más necesario.

Más de medio siglo después tenemos las primeras activistas reales por el voto femenino, las autenticas sufragistas, que surgen en diferentes países occidentales casi al mismo tiempo y producto de un mismo contexto histórico. El perfil de ellas es similar, provienen de la burguesía, han recibido una buena educación en escuelas femeninas y tienen acceso a textos filosóficos y políticos que son vanguardia de su época, la de la revolución industrial. En esta época surgen también los primeros movimientos emancipadores surgidos de las clases obreras, pero estos quedan recogidos en las reivindicaciones de los trabajadores y no son, aún, independientes y determinados.

Citaremos los nombres de las británicas Lydia Becker, fundadora del Comité por el sufragio Femenino, que surgió bajo la influencia de la petición de John Stuart Mill al Parlamento Inglés de una demanda a favor del voto femenino y de Mary Augusta Ward, que pudo ver como las mujeres votaban, por primera vez en Australia del Sur en 1902, siendo el primer estado del mundo que reconocía este derecho a las mujeres mayores de ventiún años que fueran residentes en el territorio. Hay que señalar que quedaban excluidas de esto las aborígenes australianas.

Amalia Rosado

Las denuncias por violencia machista descienden un 4 % en el primer semestre del año.

maltratoA fecha de hoy y con 40 muertes por violencia machista es difícil interpretar un descenso del 14 por ciento en esta estadística como algo positivo. Son demasiadas, todavía demasiadas, siempre son demasiadas.

La pieza de Radio Nacional de España que traemos a análisis a nuestro blog está llena de estadísticas, estas son sin duda importantes para dimensionar y valorar objetivamente la extensión y el calado del maltrato machista en la sociedad del estado español.

Pero detrás de las cifras, de estos números aterradores, se esconde un drama humano, vital y real, que parece diluirse entre porcentajes y aritméticas interpretaciones. La presidenta del Observatorio contra la violencia doméstica y de género, Inmaculada Montalban, nos da un dato que es, sin duda , el mas clarificado e importante de toda la noticia, seiscientas mil mujeres en España son víctimas de la violencia machista y algo menos de un cuarto son las que denuncian. Eso significa que hay 450.000 mujeres maltratadas que son invisibles, que no aparecen en ninguna otra estadística y que se enfrentan solas y en silencio a este lacra social.

De ellas solo se hablará si, desgraciadamente, transcienden de una estadística a otra, de la de víctimas silenciosas a la de víctimas mortales, será entonces cuando se les pondrá nombre y se sabrá de ellas, habitualmente con una pieza, desgraciadamente ya plantilla de muchos diarios y publicaciones, donde dirá, como otras muchas veces, que no habían presentado denuncia alguna contra su pareja y que no se conocían antecedentes de este maltrato.

Otro dato a tener en cuenta es la relación entre descenso en las denuncias por violencia (que no significa descenso en los casos, solo en las denuncias) y crisis económica. Esto esconde la perversa realidad de que muchas mujeres maltratadas deben de contener su denuncia y mantenerse al lado del maltratador ante la inexistencia de políticas reales (esas que son más que un papel mojado, esas que detrás llevan y contienen recursos económicos y humanos. El descenso en la dotación económica de las casas de acogida o de los proyectos de emancipación para mujeres víctimas del maltrato. Los recortes, de los que casi siempre vemos estadísticas, también esconden personas, dramas humanos, y tienen como producto final violencia y muertes.

La crisis por tanto, esconde en su estadísticas realidades y nos ofrece, pese a lo cuidado de la recopilación de datos, resultados falseados.

Que haya menos muertes y menos denuncias no es resultado de que las políticas proactivas estén funcionando maravillosamente. Es más bien que cientos de mujeres eligen apretar los dientes y seguir sufriendo violencia machista en el ámbito domestico a sufrir una violencia sistémica de abandono a su suerte, sin apoyos y recursos suficientes para ellas y sus hijos.

Audio de la entrevista aquí.