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¿Qué significa ser mujer?, ¿cómo se construye ese rol?…
Esperamos que con este vídeo os quede claro como se construye socialmente esa imagen de mujer perfecta.

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Aïda Galmés // @aideta_riot

Hoy no escribimos nosotras en la sección de OPINIÓN de nuestro blog. Hoy cedemos este espacio a una reflexión que hace una socia del periódico La Marea (periodismo diferente, independiente y comprometido). Amparo Ariño es profesora de Filosofía en la Universidad de Valencia y experta en Sarte y Simone de Beauvoir.

Podéis leer su interesante artículo de opinión completo aquí.

La autora sostiene sus argumentos desde un punto de partida concreto: “alienación del propio cuerpo que sufre la mujer por el hecho de serlo. Es decir, la que sufre exclusivamente por ser mujer. Se trata por tanto de una situación específicamente femenina”. Se plantea entonces, si el cuerpo de la mujer deja de ser una persona para ser simplemente eso: un objeto o cosa, ¿a quién pertenece?, ¿quién decide sobre ese cuerpo?, ¿qué derecho tiene?. “Pero las cosas no son personas, no son sujetos. Las cosas no tienen derechos. Por eso los derechos de las mujeres, aun allí donde son reconocidos formalmente, no son respetados de hecho“.

Este proceso de cosificación no se sostiene por sí solo. Amparo Ariño aporta pruebas. En primer lugar “a la mujer se la ha venido identificando con su  cuerpo” y su capacidad de reproducirse principalmente. En una sociedad capitalista, esto se evidencia aún más vendiendo a las mujeres productos o artículos que han de tener para conseguir el aspecto perfecto y el estatus ideal. Además, para vender estos artículos se emplean cuerpos perfectos de mujeres, con medidas dentro de los cánones de belleza. Para vender productos a los hombres, también es efectiva la figura de una mujer. “Una imagen modelada según el patrón del gusto masculino, de su deseo:  mujer joven, de rasgos agraciados, a veces perfectos, en la que se combinan  esbeltez y exuberancia. Una imagen mejorada artificialmente en ocasiones con las técnicas del Photoshop“. ¿Alguien puede negarnos que la publicidad sigue siendo sexista?

 

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“Lo cierto es que esta concepción de la mujer no siempre se hace explícita, al menos en la cultura occidental, aunque sí en los dogmas y creencias religiosas, incluso en los códigos sociales de ciertas culturas. Pero cuando analizamos cuál es la situación en general de la mujer,  la idea subyacente de mujer-cosa sí se hace patente”. La autora expone aquí como en las sociedad occidentales esos “micro-machismos” o comportamientos que perpetúan simplemente se van aceptando, en vez de evidenciarlos y luchar contra ellos. Se da por sentado cómo debemos ser las mujeres y qué roles tomar.

El cuerpo de la mujer, como de hecho no le pertenece a ella misma, debe ser una cosa moldeable“. Moldeable de acuerdo con las modas y gustos de quién posee ese cuerpo. no es ella la que decide en qué momento se siente bien con ese cuerpo, que deja de ser completamente suyo para estar influido por agentes externos. Sin embargo, este objeto maleable no únicamente es manipulado en su envoltura, también en su interior: “como denunciaba Simone de Beauvoir en El segundo sexo, aunque variable en sus formas, esta imagen suele estar vinculada a la sumisión“. Ser mujer no solamente es tener la capacidad de parir, la capacidad de gustar y el deseo de conseguir un 90-60-90. Ser mujer también es actuar en consecuencia. Adquirir hábitos, demostrarlo a través de un cuerpo agradable. Este conjunto de estereotipos son los que crean en última instancia a la mujer. Una mujer más masculina ya no nos vale. Por lo que entraríamos ya en cuestiones referentes al transgénero. Pero si las mujeres estamos en desigualdad, nos podemos hacer una idea de como son tratadas otras opciones sexuales o de género… La decisión sobre esos cuerpos suele empezar desde el nacimiento del bebé, acentuándose conforme van tomando consciencia de quiénes desean ser. Cuestionando y condicionando. Incluso invisibilizando.

Las normas de juego son las que marca el heteropatriarcado. Por ejemplo: “Para asegurarse ese disfrute instituye un modo de derecho de posesión, el  llamado “débito conyugal”, y lo garantiza con el amparo de la institución matrimonial. Pero el acceso a la mujer como cosa sexualmente deseada puede lograrlo también el varón mediante las transacciones comerciales en las que consiste la prostitución“, “se las explota económicamente, muchas veces son otros, en general hombres, quienes se lucran de ese comercio. Y los clientes que utilizan sus servicios no desconocen estas circunstancias. Pero la prostitución se justifica y se pretende que sea inevitable“. Ahora podrían decir: “también existe prostitución masculina“. Muy bien, pero ¿es acaso igual de común ver una prostituta a un prostituto?, ¿hay el mismo número de hombres dedicados a este “oficio” como mujeres?, ¿demandan las mujeres los servicios sexuales de hombres de la misma forma?, ?quién hay detrás de las mujeres obligadas a prostituirse (que por cierto son la mayoría)?.

Otra evidencia clara para la autora de la cosificación del cuerpo de la mujer es la violencia que se ejerce sobre este: “no hay verdadero rechazo social del maltratador, no se le aísla . En muchos casos ni siquiera se le aleja  suficientemente de la víctima. Eso sí, en caso de resultado de muerte,  se aplaude al paso del féretro y, a veces, hasta se guarda un minuto de silencio“. Pero no toda violencia es explícita, como decíamos antes, los medios de comunicación son violencia, las decisiones del Estado son violencia, un trato preferente, sutil y continuado a los hombres frente a las mujeres es al fin y al cabo también violencia. Son comportamientos que violentan a las mujeres que chocan de frente con situaciones que no comprenden. Con situaciones que no suelen vivir los hombres. Por esta razón muchos negarán la existencia de esta violencia.

Porque, repito por enésima vez, su cuerpo no es suyo. Puede aducirse que estos castigos y  estas situaciones  se dan en culturas aparentemente muy distintas a la nuestra pero, en realidad, lo que a estas subyace es un concepto de mujer que es esencialmente universal: la mujer es objeto y no sujeto de pleno derecho, por eso, en realidad, su cuerpo no le pertenece y no se le reconoce derecho a decir libremente sobre él: ni sobre su sexualidad, ni sobre su aspecto,  ni sobre sus actos. Ni siquiera su vida le pertenece. Cuando escribo este texto (14 noviembre 2013) ya han sido asesinadas 62 mujeres en España, en lo que va de año, víctimas de crímenes de género“.

Es una lástima que se nieguen estas condiciones desiguales entre hombres y mujeres. Que se obvien y se antepongan excusas facilonas. Pero para aquel que se cree en posesión de la verdad, será difícil hacerle ver otra perspectiva. Este artículo expone razones, que quizá ya conocemos, pero que conviene recordar. Argumentos y ejemplos simples, en un contexto en el que las mujeres no queremos perder el derecho al aborto que tanto ha costado de ganar y que si se nos es arrebatado, regresaremos a la época franquista. Así como tampoco queremos perder nada más. Solo podemos ganar.

Nuestro cuerpo nos pertenece, seamos jóvenes o mayores. Hombres o mujeres. Las dos cosas, o ninguna.

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