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Laura Aguilar  @LauretaAguilarH
 
Los adolescentes replican los patrones machistas que pueden conducir a situaciones de violencia.
 Las redes y el móvil facilitan las situaciones de control.
 
 Un 21% de los adolescentes españoles está de acuerdo con la afirmación de que los hombres no deben llorar. Uno de cada cinco cree que está bien que los chicos salgan con muchas chicas, pero no al revés. El 12,8% no considera maltrato amenazar —o recibir amenazas— en caso de que su pareja quiera romper la relación. El sexismo y los estereotipos de género perviven entre los adolescentes españoles. Y el retrato robot de cómo son y cómo viven sus relaciones muestra que, además, no son conscientes de ello. Conocen el discurso y la información sobre violencia de género, pero no la trasladan a su vida. La radiografía es llamativa: el 4% de las adolescentes de entre 14 y 19 años han sido agredidas por el chico con el que salen o salían; y casi una de cada cuatro confiesa que su novio o exnovio las controla hasta el punto de fiscalizar con quién hablan o como visten. Control, relatan, a golpe de Tuenti y WhatsApp.

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Aïda Galmés // @aideta_riot

Hoy no escribimos nosotras en la sección de OPINIÓN de nuestro blog. Hoy cedemos este espacio a una reflexión que hace una socia del periódico La Marea (periodismo diferente, independiente y comprometido). Amparo Ariño es profesora de Filosofía en la Universidad de Valencia y experta en Sarte y Simone de Beauvoir.

Podéis leer su interesante artículo de opinión completo aquí.

La autora sostiene sus argumentos desde un punto de partida concreto: “alienación del propio cuerpo que sufre la mujer por el hecho de serlo. Es decir, la que sufre exclusivamente por ser mujer. Se trata por tanto de una situación específicamente femenina”. Se plantea entonces, si el cuerpo de la mujer deja de ser una persona para ser simplemente eso: un objeto o cosa, ¿a quién pertenece?, ¿quién decide sobre ese cuerpo?, ¿qué derecho tiene?. “Pero las cosas no son personas, no son sujetos. Las cosas no tienen derechos. Por eso los derechos de las mujeres, aun allí donde son reconocidos formalmente, no son respetados de hecho“.

Este proceso de cosificación no se sostiene por sí solo. Amparo Ariño aporta pruebas. En primer lugar “a la mujer se la ha venido identificando con su  cuerpo” y su capacidad de reproducirse principalmente. En una sociedad capitalista, esto se evidencia aún más vendiendo a las mujeres productos o artículos que han de tener para conseguir el aspecto perfecto y el estatus ideal. Además, para vender estos artículos se emplean cuerpos perfectos de mujeres, con medidas dentro de los cánones de belleza. Para vender productos a los hombres, también es efectiva la figura de una mujer. “Una imagen modelada según el patrón del gusto masculino, de su deseo:  mujer joven, de rasgos agraciados, a veces perfectos, en la que se combinan  esbeltez y exuberancia. Una imagen mejorada artificialmente en ocasiones con las técnicas del Photoshop“. ¿Alguien puede negarnos que la publicidad sigue siendo sexista?

 

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“Lo cierto es que esta concepción de la mujer no siempre se hace explícita, al menos en la cultura occidental, aunque sí en los dogmas y creencias religiosas, incluso en los códigos sociales de ciertas culturas. Pero cuando analizamos cuál es la situación en general de la mujer,  la idea subyacente de mujer-cosa sí se hace patente”. La autora expone aquí como en las sociedad occidentales esos “micro-machismos” o comportamientos que perpetúan simplemente se van aceptando, en vez de evidenciarlos y luchar contra ellos. Se da por sentado cómo debemos ser las mujeres y qué roles tomar.

El cuerpo de la mujer, como de hecho no le pertenece a ella misma, debe ser una cosa moldeable“. Moldeable de acuerdo con las modas y gustos de quién posee ese cuerpo. no es ella la que decide en qué momento se siente bien con ese cuerpo, que deja de ser completamente suyo para estar influido por agentes externos. Sin embargo, este objeto maleable no únicamente es manipulado en su envoltura, también en su interior: “como denunciaba Simone de Beauvoir en El segundo sexo, aunque variable en sus formas, esta imagen suele estar vinculada a la sumisión“. Ser mujer no solamente es tener la capacidad de parir, la capacidad de gustar y el deseo de conseguir un 90-60-90. Ser mujer también es actuar en consecuencia. Adquirir hábitos, demostrarlo a través de un cuerpo agradable. Este conjunto de estereotipos son los que crean en última instancia a la mujer. Una mujer más masculina ya no nos vale. Por lo que entraríamos ya en cuestiones referentes al transgénero. Pero si las mujeres estamos en desigualdad, nos podemos hacer una idea de como son tratadas otras opciones sexuales o de género… La decisión sobre esos cuerpos suele empezar desde el nacimiento del bebé, acentuándose conforme van tomando consciencia de quiénes desean ser. Cuestionando y condicionando. Incluso invisibilizando.

Las normas de juego son las que marca el heteropatriarcado. Por ejemplo: “Para asegurarse ese disfrute instituye un modo de derecho de posesión, el  llamado “débito conyugal”, y lo garantiza con el amparo de la institución matrimonial. Pero el acceso a la mujer como cosa sexualmente deseada puede lograrlo también el varón mediante las transacciones comerciales en las que consiste la prostitución“, “se las explota económicamente, muchas veces son otros, en general hombres, quienes se lucran de ese comercio. Y los clientes que utilizan sus servicios no desconocen estas circunstancias. Pero la prostitución se justifica y se pretende que sea inevitable“. Ahora podrían decir: “también existe prostitución masculina“. Muy bien, pero ¿es acaso igual de común ver una prostituta a un prostituto?, ¿hay el mismo número de hombres dedicados a este “oficio” como mujeres?, ¿demandan las mujeres los servicios sexuales de hombres de la misma forma?, ?quién hay detrás de las mujeres obligadas a prostituirse (que por cierto son la mayoría)?.

Otra evidencia clara para la autora de la cosificación del cuerpo de la mujer es la violencia que se ejerce sobre este: “no hay verdadero rechazo social del maltratador, no se le aísla . En muchos casos ni siquiera se le aleja  suficientemente de la víctima. Eso sí, en caso de resultado de muerte,  se aplaude al paso del féretro y, a veces, hasta se guarda un minuto de silencio“. Pero no toda violencia es explícita, como decíamos antes, los medios de comunicación son violencia, las decisiones del Estado son violencia, un trato preferente, sutil y continuado a los hombres frente a las mujeres es al fin y al cabo también violencia. Son comportamientos que violentan a las mujeres que chocan de frente con situaciones que no comprenden. Con situaciones que no suelen vivir los hombres. Por esta razón muchos negarán la existencia de esta violencia.

Porque, repito por enésima vez, su cuerpo no es suyo. Puede aducirse que estos castigos y  estas situaciones  se dan en culturas aparentemente muy distintas a la nuestra pero, en realidad, lo que a estas subyace es un concepto de mujer que es esencialmente universal: la mujer es objeto y no sujeto de pleno derecho, por eso, en realidad, su cuerpo no le pertenece y no se le reconoce derecho a decir libremente sobre él: ni sobre su sexualidad, ni sobre su aspecto,  ni sobre sus actos. Ni siquiera su vida le pertenece. Cuando escribo este texto (14 noviembre 2013) ya han sido asesinadas 62 mujeres en España, en lo que va de año, víctimas de crímenes de género“.

Es una lástima que se nieguen estas condiciones desiguales entre hombres y mujeres. Que se obvien y se antepongan excusas facilonas. Pero para aquel que se cree en posesión de la verdad, será difícil hacerle ver otra perspectiva. Este artículo expone razones, que quizá ya conocemos, pero que conviene recordar. Argumentos y ejemplos simples, en un contexto en el que las mujeres no queremos perder el derecho al aborto que tanto ha costado de ganar y que si se nos es arrebatado, regresaremos a la época franquista. Así como tampoco queremos perder nada más. Solo podemos ganar.

Nuestro cuerpo nos pertenece, seamos jóvenes o mayores. Hombres o mujeres. Las dos cosas, o ninguna.

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Amalia Rosado

Las denuncias por violencia machista descienden un 4 % en el primer semestre del año.

maltratoA fecha de hoy y con 40 muertes por violencia machista es difícil interpretar un descenso del 14 por ciento en esta estadística como algo positivo. Son demasiadas, todavía demasiadas, siempre son demasiadas.

La pieza de Radio Nacional de España que traemos a análisis a nuestro blog está llena de estadísticas, estas son sin duda importantes para dimensionar y valorar objetivamente la extensión y el calado del maltrato machista en la sociedad del estado español.

Pero detrás de las cifras, de estos números aterradores, se esconde un drama humano, vital y real, que parece diluirse entre porcentajes y aritméticas interpretaciones. La presidenta del Observatorio contra la violencia doméstica y de género, Inmaculada Montalban, nos da un dato que es, sin duda , el mas clarificado e importante de toda la noticia, seiscientas mil mujeres en España son víctimas de la violencia machista y algo menos de un cuarto son las que denuncian. Eso significa que hay 450.000 mujeres maltratadas que son invisibles, que no aparecen en ninguna otra estadística y que se enfrentan solas y en silencio a este lacra social.

De ellas solo se hablará si, desgraciadamente, transcienden de una estadística a otra, de la de víctimas silenciosas a la de víctimas mortales, será entonces cuando se les pondrá nombre y se sabrá de ellas, habitualmente con una pieza, desgraciadamente ya plantilla de muchos diarios y publicaciones, donde dirá, como otras muchas veces, que no habían presentado denuncia alguna contra su pareja y que no se conocían antecedentes de este maltrato.

Otro dato a tener en cuenta es la relación entre descenso en las denuncias por violencia (que no significa descenso en los casos, solo en las denuncias) y crisis económica. Esto esconde la perversa realidad de que muchas mujeres maltratadas deben de contener su denuncia y mantenerse al lado del maltratador ante la inexistencia de políticas reales (esas que son más que un papel mojado, esas que detrás llevan y contienen recursos económicos y humanos. El descenso en la dotación económica de las casas de acogida o de los proyectos de emancipación para mujeres víctimas del maltrato. Los recortes, de los que casi siempre vemos estadísticas, también esconden personas, dramas humanos, y tienen como producto final violencia y muertes.

La crisis por tanto, esconde en su estadísticas realidades y nos ofrece, pese a lo cuidado de la recopilación de datos, resultados falseados.

Que haya menos muertes y menos denuncias no es resultado de que las políticas proactivas estén funcionando maravillosamente. Es más bien que cientos de mujeres eligen apretar los dientes y seguir sufriendo violencia machista en el ámbito domestico a sufrir una violencia sistémica de abandono a su suerte, sin apoyos y recursos suficientes para ellas y sus hijos.

Audio de la entrevista aquí.

Clara Ribes @angelcaido89

Para muchos, la sociedad española todavía está dividida en vencedores y vencidos. Todos los monumentos erigidos en memoria de los caídos, siguen siéndolo por los de un solo bando; todas las estatuas, símbolos y nombres de calles que se dejan democráticamente en el olvido, nos recuerdan que todavía quedan vencedores que no van a luchar por los vencidos.

El Diccionario de la Real Academia Española define el concepto “fascismo” como un “movimiento político y social de carácter totalitario que se produjo en Italia, por iniciativa de Benito Mussolini, después de la Primera Guerra Mundial” y la “doctrina de este partido italiano y de las similares en otros países”. Manuel Seco, en el Diccionario del Español Actual, aclara que se trata de un “movimiento político de carácter nacionalista y totalitario”. Todos conocemos el “nacional socialismo”, todos sabemos que sus mayores exponentes europeos fueron Mussolini y Hitler, también sabemos que nuestro país vivió 39 años bajo un régimen dictatorial fascista que todavía no ha sido reconocido como tal, y también que algunos grandes dirigentes como Salvador Allende cayeron en ataques totalitarios como el que llevó a cabo Pinochet en Chile.

Pero, ¿qué implica el fascismo? Ante todo violencia, pero también supone tiranía, represión, la supremacía de unos sobre el resto, desigualdad, nacionalismo extremo, racismo, homofobia… En definitiva, el fascismo es odio. Y, aunque la mayor parte de diccionarios se basen en el fascio italiano para definir este concepto, no debemos olvidar su presencia en nuestros días y mucho menos en nuestro país.

Estosbandera-franquista últimos meses se han publicado numerosas piezas que trataban la presencia de miembros del Partido Popular, especialmente de las “Nuevas Generaciones”, posando junto a símbolos fascistas o llevando a cabo saludos de la misma índole. En Levante-EMV encontramos “La bandera franquista también la usan jóvenes del PP de Vila-real. Una miembro del colectivo se fotografía con la enseña anticonstitucional en una celebración” o “El PP valenciano equipara la bandera franquista con la republicana para justificar los gestos fascistas de NNGG” en Elplural.com. Y es que existe una gran polémica en torno a la bandera de España; la rojigualda se adoptó en 1981 (Constitución Española de 1978), habiendo sido utilizada ya a finales del siglo XIX y principios del XX. Entendiendo España como un estado democrático, y leyendo la Constitución Española de 1931, nos encontramos con “Artículo primero. España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo. La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones. La bandera de la República española es roja, amarilla y morada”. Sin embargo, desde que se derogó esta última hasta que entró en vigor la actual, España vivió bajo un régimen absolutista, en el que los poderes emanaban de una sola persona. Podríamos entenderlo como fascismo, ¿verdad? gesto-ultraderechistaActualmente numerosos grupos de ultra derecha han abrazado la bandera que fue símbolo de España durante el franquismo, mientras tachaban de ilegal la que promueve un régimen democrático en el que el poder emana del pueblo, y en el que los tres colores simbolizan “la unidad española formada a fines del siglo XV por la reunión de las dos grandes nacionalidades castellana y aragonesa, respondiendo mejor que la bicolor, que en realidad no representaba sino a una parte de nuestra nación española”, según el maestro Joaquín Sero Sabaté en el libro “El niño Republicano”. Muchos de estos jóvenes que, a día de hoy, hacen apología fascista deberían estudiar en qué consistió esa etapa del país realmente; y muchos de los políticos que se permiten el lujo de equiparar la anticonstitucionalidad de estas dos banderas, quizá debieran entender el porqué del color morado. Y, sin ánimo de entrar en materia, dejo caer una reflexión… Si la actual bandera española representa una España monárquica sellada en la Ley de Sucesión de Jefatura del Estado de Francisco Franco, quizá no se debiera tachar de anticonstitucional aquello que visten quienes luchan por un cambio en la forma política del Estado sellado en las urnas.

El nuevo proyecto de Ley para reformar el Código Penal presentado por Alberto Ruiz Gallardón, fue aprobado el pasado 20 de septiembre. En el Artículo 510 encontramos el camino que se ha escogido para evitar la difusión de mensajes que promuevan el odio a determinados grupos: “Serán castigados con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de seis a doce meses: Quienes produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de material o soportes que por su contenido sean idóneos para fomentar, promover, o incitar directa o indirectamente al odio, hostilidad discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo, o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o discapacidad, o para lesionar la dignidad de las personas por representar una grave humillación, menosprecio o descrédito de alguno de los grupos mencionados, de una parte de ellos, o de cualquier persona determinada por razón de su pertenencia a los mismos”. En este mismo artículo figura también el modo de combatir las actitudes que ensalcen fascismos, con la ambigüedad de que han debido ser previamente condenados por determinados órganos: Quienes nieguen, hagan apología, o trivialicen gravemente los delitos de genocidio, de lesa humanidad o contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado que se hubieran cometido contra un grupo o una parte del mismo […]y que hubieran sido declarados probados por los Tribunales de Nüremberg, por la Corte Penal Internacional o por otros Tribunales internacionales, cuando de este modo se promueva o favorezca un clima de violencia, hostilidad, odio o discriminación contra los mismos”.

De este modo, se ha lanzado una bomba de humo sobre las conciencias españolas; ya que mientras una parte de la población se siente aliviada y espera dejar de encontrar símbolos fascistas adornando su país, los sectores más extremistas de la derecha española han descubierto los vacíos legales o van en camino de hacerlo. Esto es lo que encontramos en la página web del partido Democracia Nacional: “Aprobado el nuevo código penal del dictador Gallardón”. Sin embargo, en esta hipócrita reforma, en ningún caso se especifica la criminalización contra las acciones o mensajes de nacionalismo extremo, ni la criminalización de la apología del régimen franquista, que no ha sido declarado como fascismo.

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Y entre las discusiones de partidos como CiU, que no encuentran en el Código Penal la suficiente penalización de ataques a sectores catalanistas o a personas que viven en las calles, y el Partido Popular, que considera sus medidas más que oportunas y eficientes… Navegando por Twitter encontramos una imagen que nos paraliza, una imagen que debería haber sido eliminada de la red en el mismo instante en que fue difundida, y sus artífices multados como mínimo, siguiendo punto por punto esa nueva reforma que tengo ante mis ojos.

orgullomierdaPero el problema va más allá, no sólo reside en las más de 5.000 personas que han compartido esa imagen en la red social desde ayer, ni en los más de 85.000 seguidores que posee la página “Orgullo Nacional” en Twitter (creadores y difusores de dicha imagen), sino en que ninguna de esas personas se ha parado a pensar que están justificando, promoviendo y ensalzando el fascismo, el odio y la violencia. Que ninguna de esas personas ve que han pasado a formar parte de una sociedad corrupta de absolutismo y nacionalismo extremo, de radicalismo y de represión ideológica. Pero sobre todo, lo más triste es que nadie tiene por qué quemar nada… pero en el caso de que así suceda una muerte jamás es la solución. Y melancólicamente pienso en todas aquellas mentes e ideas que Hitler, Mussolini o Franco mataron sólo por ser diferentes, más libres, más… democráticas.